
Christian Bale: sus mejores actuaciones (que no son Batman), rankeadas
Christian Bale es uno de los mejores actores de su generación, pero incluso con una filmografía formidable—que abarca desde su infancia—, muchas personas escuchan su nombre y siguen pensando en su encarnación de Batman. Y vamos, es comprensible: es una de las mejores del personaje.
Sin embargo, su talento abarca mucho más que un solo personaje, con una variedad de actuaciones excelentes que van desde un Frankenstein gángster en ¡La novia! a perturbadores asesinos seriales y temerarios pilotos de autos. Su filmografía es extensa y llena de excelentes interpretaciones, pero acá seleccionamos las 10 mejores películas de Christian Bale para que lo conozcas más allá del Caballero de la Noche.
Es testimonio de la habilidad de Christian Bale como actor que, en Psicópata americano (American Psycho), su Patrick Bateman se mueve exitosamente entre la psicopatía violenta y la caricatura absurda de un hombre consumido por un ego infectado por la cultura yuppie hipercapitalista de los 90.
El resultado es tan perturbador como divertido y, al menos en parte, en ello radica que la película haya sido leída como una comedia aspiracionista (como también sucedió con El club de la pelea), en vez de la sátira de la masculinidad tóxica que la directora Mary Harron y el autor Bret Easton Ellis claramente presentan.
Haciendo eco de Las 24 horas de Le Mans, esta película es más que una simple historia sobre carreras de resistencia. Contra lo imposible (Ford v Ferrari) es una historia de hombres sobreponiéndose a desafíos con todas las probabilidades en contra, dentro y fuera de la pista.
Christian Bale asume el rol del piloto británico Ken Miles, reclutado por Carroll Shelby (Matt Damon) para la imposible misión de superar a Ferrari en su propio dominio, las 24 horas de Le Mans. Es un personaje que podría ser interpretado de forma plana, un hombre formidable tras el volante pero inepto en todo lo que involucra a otras personas—incluida su esposa, interpretada por Caitríona Balfe—. Sin embargo, en la piel de Bale, se convierte en un personaje complejo, vulnerable y carismático, elementos esenciales para que su travesía en la película funcione.
Christian Bale debe tener uno de los debuts cinematográficos más formidables de la historia. Luego de aparecer en la coproducción soviética El príncipe de la tierra de Más allá, entregó la que sigue siendo una de las mejores actuaciones de su carrera en su segunda película: El imperio del sol (Empire of the Sun), de Steven Spielberg.
Aquí interpreta a Jim Graham, un privilegiado niño que vive en Shanghái bajo ocupación británica, y que es separado de su familia cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses invaden y encierran a todos en campos de concentración. Bale brinda una interpretación con un arrojo envidiable incluso para un niño—bien podrían haberlo sacado de una película de Miyazaki—, de inmediato poniéndonos de su lado en una lucha por la dignidad y la supervivencia, con grandes costos.
El director y guionista Scott Cooper es uno de los nombres más comunes en la filmografía de Christian Bale (también lo ha dirigido en La ley del más fuerte y Los crímenes de la academia), pero por mucho, su trabajo más interesante en mancuerna es el wéstern Hostiles: violencia americana.
La trama se sitúa en el territorio de Nuevo México en 1892, durante las guerras entre colonos europeos y pueblos nativos americanos. Bale interpreta a Joseph Blocker, un capitán del ejército estadounidense a punto de retirarse, quien es asignado a una peculiar misión: llevar a un enfermo jefe de guerra cheyenne (Wes Studi) de vuelta a sus tierras en Montana para morir. Es un rol en el que Bale hace el impecable trabajo de generar admiración por su dedicación y disciplina, pero también rechazo y desprecio. Es una actuación lo suficientemente contenida para dejar escapar, en su mirada, un odio racista que dejaría frío hasta a John Wayne en Más corazón que odio (The Searchers).
No es secreto que la colaboración entre Christian Bale y Christopher Nolan fue de lo más fructífera para ambos, pero ninguna de las películas en su trilogía de Batman merece la distinción como mejor colaboración de la dupla.
Realizada en el interludio de Batman inicia y El caballero de la noche, El gran truco (The Prestige) se sitúa en el Londres victoriano y sigue la rivalidad entre dos ilusionistas (Bale y Hugh Jackman) que van a extremos cada vez más radicales para superar el acto del otro. A menudo comparada con su contemporánea El ilusionista, consideramos a El gran truco la superior de las dos, al integrar un giro narrativo con toques de ciencia ficción que sólo funciona gracias a tres elementos tremendamente precisos: el guión, la edición y la actuación de Bale.
Muchos recuerdan más la interpretación de Christian Bale en El maquinista (The Machinist) por su lado sensacionalista: el hecho de que perdió una cantidad notable de peso para el papel (todavía más impresionante al considerar su musculatura para Batman tan solo un año después).
Sin embargo, en esta pesadilla industrial (en ciertos modos tan cercana a Réquiem por un sueño), el actor consigue una vez más caminar la delgada línea entre un personaje extremadamente vulnerable y hasta repulsivo, y la humanidad que permite simpatía. Su Trevor Reznik, un trabajador de fábrica aquejado por el insomnio al grado de la demacración, existe como un fantasma entre las máquinas y sus alucinaciones, un ser a la vez escalofriante y al que quisiéramos ayudar.
Para bien y para mal, otra de las colaboraciones más interesantes en la carrera de Bale ha sido con el director David O. Russell. El actor ha sido nominado al Oscar en cuatro ocasiones y la ganó en la primera, por El peleador (The Fighter).
Inspirada en hechos, la película es protagonizada por Mark Wahlberg como el boxeador Micky Ward, quien es entrenado por su medio hermano, Dicky Eklund, un exboxeador adicto al crack con delirios de regresar a una cima que nunca alcanzó. Es más la historia de Micky, con tintes de Rocky, pero Dicky roba prácticamente cada escena en la que está, alcanzando un registro tan caótico que incluso llega a grados de comedia física más propios de Buster Keaton.
Con el debido respeto a Timothée Chalamet, pero él no es el mejor Theodore "Laurie" Laurence de las adaptaciones cinematográficas de Mujercitas (Little Women), como no lo es la de Greta Gerwig… aunque está cerca.
En la versión de Gillian Anderson, el Laurie de Bale es emparejado con la Jo March de Winona Ryder, y es una de las representaciones más sublimes de la pareja en pantalla, además de las más complejas, con Bale dando a su ceñudo adolescente un cierto aire de arrogancia. Además, en una carrera definida por personajes hoscos, sucios o francamente cuestionables y hasta monstruosos, esta es una de las raras instancias—aparte de Bruce Wayne—en las que el actor coexiste con su aire natural de galanura.
Bale trabajaría una vez más con el comediante convertido en cineasta, Adam McKay, para su notable transformación como Dick Cheney en El vicepresidente: más allá del poder (Vice). Sin embargo, es en su primera colaboración con él, La gran apuesta (The Big Short), en la que brinda un rol más interesante.
Aquí interpreta al genio Michael Burry, un gestor de fondos de riesgo que predijo la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008. Es un personaje solitario y excéntrico, que se sabe el hombre más inteligente en la habitación pero que esgrime ese genio con sensibilidad. En otras manos, hubiera sido una actuación monótona del estereotípico nerd, con todo y sudor en la frente. Bale, en cambio, lo vuelve sensible y empático, al grado de volver fascinante el puro hecho de ver pantallas y tomar llamadas telefónicas. Y lo consigue en un elenco que incluye a Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt. Poca cosa.
Su segunda colaboración con David O. Russell le daría a Bale su segunda nominación al Oscar, además del que, posiblemente, sea su mejor rol a la fecha: el estafador de poca monta Irving Rosenfeld en Escándalo americano (American Hustle), inspirada en una historia verídica.
De poca monta, pero extorsionado junto con su amante (Amy Adams) por el FBI para adentrarse en una operación criminal mayor cuyas ramificaciones ascienden hasta el alcalde de Nueva Jersey en los 70. Irving es un personaje que nada entre mundos, atrapado entre una amante y una esposa (Jennifer Lawrence), entre la verdad y la mentira, la ley y el crimen, con el mismo ímpetu que Leonardo DiCaprio en Atrápame si puedes. Y podrá estar a punto de ahogarse, pero conseguir oxígeno comienza con seguir manteniendo hasta las mentiras más pequeñas, como un ridículo tupé.









































