
El estreno de ‘El vampiro Lestat’ responde esta vieja pregunta escatológica sobre vampiros y retretes
Desde que la figura del vampiro apareció en la cultura pop, espectadores de todo el mundo –y sobre todo, catalanes– hemos debatido sobre la naturaleza de estas criaturas: ¿cómo duermen? ¿pueden comer comida? ¿por qué los ajos sí los matan, y las cebollas no? A veces, son cuestiones que se han abordado desde la absoluta seriedad, como en Drácula (2020), otras desde la parodia más descacharrada, tal que Híncame el diente (2010).
Sabemos cómo se alimentan, a qué temen y qué métodos los destruyen. Sin embargo, hay preguntas básicas que casi nunca se abordan en la ficción de fantasía gótica. Una de ellas, quizás la más terrenal, es: ¿...los vampiros tienen que ir al baño? Tras años de misterio, el estreno estadounidense de The Vampire Lestat (2026), este pasado domingo 7 de junio, nos ha dado una respuesta clara.
El vampiro Lestat explica la etiqueta vampírica en el cuarto de baño

En la mitología de Rice, los vampiros poseen particularidades biológicas bastante bien definidas por las novelas, cuyes seguidores ya sabían que, por ejemplo, al llorar, los vampiros derraman lágrimas de sangre en lugar de agua salada. Olvídate de la humanidad cool y ligeramente inmoral de Sólo los amantes sobreviven (2013): los no-muertos son seres asquerosos, bestiales y deben demostrarlo.
Por ello, no nos sorprendió nada que el primer episodio de la tercera temporada de Entrevista con el vampiro (2022), inspirado directamente en una de las Crónicas vampíricas de Rice, Lestat demuestra de forma directa y explícita que las lágrimas no son el único fluido corporal rojo de los inmortales. Como parte del documental que está rodando para dar su versión de los hechos de las temporadas anteriores, Lestat se dirige a la cámara para explicar la logística de su sistema digestivo.
Según dice, cuando un vampiro consume una cantidad de sangre muy superior a la que su cuerpo necesita para regenerarse o mantenerse, el organismo vampírico está obligado a expulsar el exceso de alguna forma. Lestat ilustra esto relatando y mostrando que, tras darse un festín desmesurado de sangre humana, debe acudir al retrete para orinar un líquido rojizo y diluido. Y así se acerca, amigues, la serie a su referente inmediato, que no son las Crónicas vampíricas de Rice, sino el humor descarnado de Esto es Spinal Tap (1984).
Las innovaciones de Anne Rice en el canon vampírico

Para valorar la importancia de estos detalles fisiológicos, es necesario repasar cómo Anne Rice ha venido revolucionando el género. Antes de publicar Entrevista con el vampiro en 1976, y petarlo con la Entrevista con el vampiro de 1994, el canon audiovisual y literario presentaba a los chupasangres bajo dos arquetipos básicos: el depredador monstruoso sin raciocinio (el Nosferatu de F. W. Murnau) o el aristócrata maldito y elegante (el Drácula de Tod Browning).
Antes de que publicara Entrevista con el vampiro en 1976, el cine ya había ensuciado el mito: el Drácula de Christopher Lee para la Hammer había introducido en 1958 el gore y la bestialidad en el conde, mientras que el Drácula de Andy Warhol y Paul Morrissey en Sangre para Drácula (1974) exploraba el patetismo escatológico mostrando a un conde que vomitaba a borbotones tras beber sangre impura… También para Rice el vampiro era una metáfora de la marginación, pocos años antes de la cresta de la epidemia del sida.
Pero lo que la escritora aportó fue un interés desmesurado (a mi parecer) por todas las menudeces de una biología rica y verosímil. De entrada, estableció que la sangre reemplaza cualquier necesidad humana convencional. Sus vampiros son técnicamente asexuales porque el acto de morder y alimentarse es su forma máxima de intimidad y placer. Todo por y para la sangre. Luego, tienen la piel fría y dura como el mármol, no envejecen ni cambian, y –otra vez– sudan sangre cuando sufren miedo extremo o debilidad. Y finalmente, como ha confirmado ahora la serie, su sistema excretor sigue las leyes físicas lógicas en función de su dieta… Es decir, expulsa sangre.
Qué es ‘El vampiro Lestat’ y por qué deberías verla

Inspirada en el segundo libro de las Crónicas vampíricas de Rice, El vampiro Lestat retoma la historia después de que Louis (Jacob Anderson) haya relatado al periodista Daniel Molloy (Eric Bogosian) sus primeros años como vampiro, viviendo codo a codo y luego distanciado de Lestat (Sam Reid). En lugar de la década de 1980, en la Temporada 3 (2026) viajamos al año 2025, cuando Lestat, que no está nada entusiasmado con la versión de los hechos que dio su antiguo compañero, decide escribir una especie de memorias y contrata a Molloy para que encabece un documental sobre él.
Yo la recomendaría a quienes a) visteis las dos primeras temporadas y queráis saber qué opinaba Lestat sobre su intensísimo ex; b) agradezcáis la dark fantasy de Crónicas vampíricas (2009) pero queráis una versión más adulta y menos pagada de sí misma; c) gozasteis de lo lindo con Hannibal (2013) y queráis repetir este entrecot… Poco hecho. Disfrutad y, sobre todo, no meéis sangre.




