
Steve Carell: sus mejores películas y series, en orden
Con el reciente estreno (y éxito) de Rooster en HBO Max, Steve Carell vuelve a recordarnos que muchos de los mejores comediantes terminan siendo también grandes actores dramáticos.
Y tiene sentido. Hacer reír bien no es fácil, y Carell lleva años demostrando que entiende muy bien el ritmo, el silencio y los matices. Por eso, cuando se mueve al suspenso o la comedia dramática como en El paciente o Las cuatro estaciones, no desentona en absoluto.
Es de esos actores capaces de hacerte reír sin esfuerzo, con un humor muy propio que va de lo tierno a lo completamente ridículo en segundos. Y justo por eso, cuando se pone serio, el golpe llega más fuerte. Con el rango que maneja, ordenar sus mejores trabajos no es nada fácil. Así que sí, esto es un ranking… pero también una buena excusa para volver a todo lo que ha hecho bien. Que no es poco.
Antes de ser protagonista absoluto, Steve Carell ya estaba robando escenas, demostrando que cuando le das espacio, lo conquista. En El reportero: La leyenda de Ron Burgundy, la comedia absurda sobre un equipo de noticias en los años 70 interpreta a Brick Tamland junto a Will Ferrell y Paul Rudd. Su personaje es el más impredecible de todos, y uno de los mas graciosos.
La película tiene ese humor caótico y exagerado tipo Zoolander o Hermanos por pelotas que tanto amamos de una época de la comedia donde todo está permitido. Lo curioso es que, entre tanto ruido y un elenco de comediantes tan variado, Carell consigue destacar con un personaje que podría ser solo un chiste para terminar siendo uno de los más recordados.
En Sigo como Dios Steve Carell recupera a un personaje que ya venía con historia. Evan Baxter aparece por primera vez en Como Dios, donde compartía pantalla con Jim Carrey como el típico rival creído en la tv. Se ganó tanto a la audiencia con ese pequeño rol, que en la secuela pasó al frente. En esta película es un político que, de la nada, recibe una misión divina bastante polémica: construir un arca.
Sigo como Dios tiene un humor más familiar y exagerado, como las comedias del estilo de Noche en el museo, pero lo interesante es ver cómo Carell logró transformar a un personaje secundario bastante odioso en alguien mucho más cercano y humano. No es su papel más popular, pero sí una muestra clara de ese tipo de comedia suya que mezcla lo absurdo con lo querible.
Aquí Steve Carell se mete en una franquicia con bastante historia detrás… y no era un reto menor.
Superagente 86 de película viene de la serie clásica de los años 60 creada por Mel Brooks y Buck Henry, que ya parodiaba el mundo de los espías tipo James Bond. La película mantiene ese espíritu, pero se adapta a un tono más moderno, más parecido al estilo de Johnny English o incluso Austin Powers, donde la gracia está en lo mal que puede salir todo.
Steve es la persona indicada para convertir a Maxwell Smart en ese tipo que mezcla torpeza con confianza. La dupla con Anne Hathaway, aunque inesperada, funciona y le da algo de equilibrio, jugando al contraste entre el desastre y la competente. Recomendada para los fans de la serie o del humor de Aterriza como puedas.
En 2010 Steve Carell se sumó a Gru: mi villano favorito para ponerle voz al protagonista, un villano con más fachada que maldad real. Esta es una historia que mezcla humor, acción y ese toque emocional que termina sorprendiendo. Ideal para los que disfrutaron Shrek o Megamente (del mismo año), básicamente historias donde el personaje principal empieza siendo un desastre y poco a poco va mostrando otra cara.
Con ese acento exagerado le dio alma a un personaje e inicio a una exitosa franquicia, convirtiéndose en uno de sus papeles más icónicos. Porque al final, Gru es ya parte de la cultura pop y eso no pasa por casualidad, es en gran parte gracias a su talento.
Virgen a los 40 no solo fue un éxito, fue el punto de inflexión que lo convirtió en protagonista de comedia. Hasta ese momento ya venía apareciendo en cosas como El reportero, pero esta fue la que marcó un antes y un después en su carrera.
La premisa va sobre un tipo que nunca ha tenido relaciones y sus amigos intentan “ayudarlo”, dando pie a situaciones cada vez más ridículas. Su personaje es muy peculiar e incómodo, pero también muy humano, y ahí está la clave de la película.
Si lo tuyo son las comedias como Lío embarazoso o Supersalidos, que mezclan humor incómodo con momentos bastante sinceros, esta película entra en la misma categoría.
En Loco y estúpido amor, Steve Carell se mete en la piel de Cal, un tipo que de un día para otro se queda sin rumbo tras su divorcio. Está perdido, incómodo, fuera de lugar y Carell lo interpreta de una forma muy natural, sin exagerarlo, lo que hace que conectes con su personaje fácilmente.
Un día la vida de Cal se cruza con la de Jacob (Ryan Gosling), que aparece como el contrapunto salvador. Un tipo exitoso y convencido de que puede arreglarle la vida en un par de pasos. Pero más allá del típico “uno enseña al otro”, lo que funciona es cómo se van equilibrando.
La película se mueve entre romance y buddy comedy, y ahí es donde encuentra su mejor versión. La relación entre ellos es el eje, y aunque son totalmente distintos, terminan conectando de formas inesperadas dando sentido a todo lo que viene después en la historia.
Pequeña Miss Sunshine no es la típica comedia de Steve Carell. Aquí interpreta a un tío bastante deprimido que termina viajando con su familia en una de esas road movies que parecen sencillas pero tienen mucho peso emocional. Me recuerda al tono de Captain Fantastic o Juno, donde el foco está en el desarrollo de los personajes y cómo se relacionan entre sí.
Su personaje se siente muy fresco dentro de su filmografía. Es más silencioso, más melancólico, y aun así aporta algunos de los momentos más humanos de la historia. Es una de las películas de su carrera que mejor demuestra que puede hacer mucho más que hacernos reír.
Beautiful Boy: siempre serás mi hijo no es una peli fácil de ver, pero si quieres ver hasta dónde puede llegar Steve Carell cuando deja la comedia a un lado, esta es la indicada.
En esta historia dramática interpreta a un padre que intenta ayudar a su hijo (interpretado por Timothée Chalamet) a salir de una adicción. El relato es duro, muy crudo, y se enfoca casi por completo en la relación entre los dos. Similar a títulos como Manchester frente al mar, donde todo es emocionalmente pesado pero muy real. Carell está increíble, no sobreactúa sino que transmite desde la preocupación constante de un padre involucrado.
En 2015 Steve Carell participó en La gran apuesta, una película que cuenta el colapso financiero de 2008, pero lo hace de una forma bastante llevadera. Explica algo complejo sin volverse pesado, con el estilo de películas como El vicio del poder o El lobo de Wall Street, donde todo se mueve rápido y siempre está pasando algo.
El reparto incluye a Christian Bale, Ryan Gosling y Brad Pitt, entre otros. Y dentro de ese grupo, Carell tiene un lugar muy claro. Interpreta a un tipo bastante harto del sistema, y aunque no es el protagonista, tampoco necesita serlo para destacar. Cada vez que aparece, te atrapa y ayuda a que la película no pierda ese equilibrio entre lo que cuenta y cómo lo cuenta.
La gran apuesta es muy recomendable si te gustan las historias basadas en hechos reales, las películas con buen reparto y, sobre todo, ese tipo de cine que te entretiene mientras aprendes algo sin darte cuenta.
Meterse en el papel de Michael Scott no era precisamente fácil. El personaje venía de la versión británica de La oficina creada por Ricky Gervais, donde el humor era mucho más incómodo y seco. Al principio, la versión de Steve Carell iba por ese mismo camino pero no terminaba de encajar con la audiencia de Estados Unidos.
Ahí es donde pasó algo clave, el personaje se ajustó. Se volvió competente, más torpe que cruel, y más necesitado de aprobación que directamente insoportable. Y ese cambio lo transformó todo. Michael Scott dejó de ser alguien del que querías escapar para convertirse en alguien al que terminas entendiendo.
Si consigues superar el cringe de la primera temporada de La oficina, para cuando llega su despedida ya estás completamente dentro. Y ahí es donde te das cuenta de que ya no imaginas The Office sin Steve Carell.







































