
Proyecto Salvación tiene mucho en común con Interstellar, pero hay un factor que las separa a años luz
La esperada adaptación de Proyecto Salvación (2026) rescata la chispa de la novela de Andy Weir bajo la dirección de la dupla creativa formada por Phil Lord y Christopher Miller y con Ryan Gosling encabezando el reparto. La película se posiciona como la sucesora espiritual de los grandes dramas espaciales, siguiendo una tendencia de cine para las masas con profundidad de ciencia ficción algo más contundente, con Interstellar (2014) como inevitable modelo reciente, donde es imposible no reflejarse.
Ciencia, supervivencia y el fantasma de Matthew McConaughey
Como en la novela, aquí la trama nos sumerge en el desconcertante despertar de Ryland Grace, un hombre que se despierta en una nave, sin recuerdos y rodeado por los cadáveres de su tripulación. Hasta aquí no deja de ser la misma película que Pandorum (2009), pero lejos de una obra de horror espacial, a medida que una ingeniosa estructura en flashbacks nos desvela su pasado, descubrimos que él es la última carta que le queda a la humanidad para frenar una catástrofe solar inminente.
Pasamos aquí a las esencias del cine de supervivencia extrema, utilizando el ingenio científico y la resiliencia humana como las únicas armas contra una extinción segura, tomando nota de nuevo de algún que otro título moderno como Sunshine (2007), en la que un grupo de científicos viajaban cerca del sol para “reactivarlo”. La diferencia es que esta misión está a años luz de nuestra casa, lo que ha dado lugar a una comparación no con la obra de Danny Boyle, sino con la de Christopher Nolan, de forma inevitable y no poco pertinente.
Ambas producciones comparten ambición técnica, cierto compromiso con el realismo científico y una postura humanista decantada en la idea de la soledad absoluta en el espacio y la presión psicológica de cargar con el destino de cada ser vivo en la Tierra en sus protagonistas. No es solo que la cosa tenga en común a dos señores lanzados a la nada como única esperanza de salvar a una tierra en crisis energética, sino que esta nueva propuesta rima con Interstellar en su enfoque esperanzador, solo que en vez de agujeros de gusano tenemos un contacto extraterrestre que sigue las pautas del Spielberg suave de Encuentros en la tercera fase (1977), como lo hacía la película protagonizada por Matthew McConaughey.
Un náufrago espacial con alma de Disney y chistes de Sheldon Cooper
Y hablando de McConaughey, también hay un poquito de su Contact (1997), y su hermana espiritual La llegada (2016), claro, en una película que puede considerarse tan “alien friendly” desde aquellas, pero no es esto lo que crea la gran diferencia con la de Nolan, ya que todas tienen en común la visión de Carl Sagan. Lo que realmente diferencia Proyecto Salvación de todas ellas es solo una cosa: el humor. Por supuesto, tenemos una misma curiosidad intelectual y la posibilidad de alianzas inesperadas en los confines del universo, pero la mayor distancia entre esta y las demás es el tono, una capacidad de no tomarse demasiado en serio nada de lo que presenta que la convierte en una verdadera “feel good” movie.
Era imposible esperar otra cosa de Lord y Miller, y esto es el secreto de una película cuya positividad llega como un barril de oxígeno en un mundo real plagado de tormentas, conflictos y amenazas de guerra. No está de más tener de nuestro lado al cine, haciendo que las cucharadas de sinsabor del día a día pasen al asiento de atrás durante un par de horas (y media), y ver que al menos la cultura no se deja arrastrar por el cinismo inconsolable que parece ser la nota predominante. Puede que sea eso lo que explique los 140 millones de dólares que lleva acumulados en apenas 3 días.
O puede que sea cosa de su estrella, un Ryan Gosling reconvertido desde Drive (2011) en un héroe perfecto para toda la familia, que replica aquí esas simpatías flotantes que bien supo sacar Alfonso Cuarón de Sandra Bullock en su Gravity (2013), con la que Proyecto Salvación también comparte un tono en el límite del artefacto para multisalas y el filme de ciencia ficción de quien se ha visto unas cuantas veces IKARIE XB 1 (Viaje al fin del universo) (1963). Es imposible no simpatizar con su Grace, un tipo que podría haber compartido piso con la panda de The Big Bang Theory (2007-2019) y, como en Half Nelson (2006), es un profesor implicado. Todos los ingredientes del éxito están.
Y a veces, en su ambición va rozando la familia de películas de exploración espacial tan bien consideradas como Naves misteriosas (1972), Moon (2009) o Marte (The Martian) (2015), odiseas de supervivencia en embarcaciones solitarias en medio del espacio, con personajes hablando con el ordenador central mientras piensa sobre su existencia mientras cena un sobre de preparado alimenticio. Lo que la hace única frente a estas es precisamente su voluntad por dirigirse al espectador.
Demasiado Disney para ser Interstellar, demasiado buena para ser ignorada
Si algo se le puede achacar a la película puede que sea precisamente que a veces su humor juega en contra. No por exceso sino por lo deliberado. Siendo una aventura épica, emocionalmente satisfactoria y con algunas escenas de lagrimita verdadera, a veces parece que Lord y Miller son tan conscientes de que tienen algo especial entre manos que se acaban gustando demasiado y pecan de ciertos excesos. Los montajes de Gosling por la nave son inevitables, pero a veces el juego de edición acerca tanto la película a un dibujo animado que acaba volviéndose algo cercano a Pixar en acción real.
No hay nada específicamente malo en eso, salvo que dota al conjunto de una previsibilidad de cine familiar que impide que despegue hacia el terreno de la ciencia ficción más autónoma. La idea del personaje de Rocky es casi un desarrollo de una secuela de Wall-E (2008), tiene ese mismo tono simpático y en general transmite ese mismo cinturón de seguridad. En realidad, toda Proyecto Salvación podría ser uno de los antaño comunes proyectos de ciencia ficción que producía Disney, como El vuelo del navegante (1986) o Tomorrowland: El mundo del mañana (2015), obras que trascienden su etiqueta para todos los públicos y ofrecen consistencia insólita a su ciencia ficción.
Nada que reprochar a ello, tan solo que hay unas líneas invisibles que delimitan hasta dónde puede llegar. Al final, Proyecto Salvación se gusta tanto que no tiene claro cuándo parar, dejando un síndrome de los cinco finales que resta eficiencia a sus logros previos. Otro detalle mejorable es la música, efectiva pero a ratos anodina, con recursos que delatan a Lord y Miller como grandes guionistas, pero quizá no tan interesados en la puesta en escena.
Pero esos apuntes son menudencias en una película muy notable, que merece toda la atención del público, que últimamente no acompañaba a Gosling como hubiera deseado tras la decepcionante taquilla de la genial El especialista (2024). Sus diferencias con Interstellar son quizá menos de las que parecen, quizá también se diferencian en que esta es más batiburrillo de una docena de películas bien conocidas —incluida Horizonte Final (1997)— pero también la convierten en una opción más optimista e igual de emocionante para los amantes del subgénero.




















