‘Dragon Ball’ ha envejecido la mar de bien, y aquí por qué

‘Dragon Ball’ ha envejecido la mar de bien, y aquí por qué

Mariona Borrull
Mariona Borrull

Publicado el04 de abril de 2026

Actualizado el04 de abril de 2026

Es así: pocas obras dentro del anime pueden presumir de una longevidad e impacto cultural comparable a Dragon Ball (1986). Desde su estreno, la obra de Akira Toriyama ha sobrevivido y desafiado al paso del tiempo.

En una industria donde el prestigio parece lograrse cuando nos distanciamos de lo que se entiende por canónico, con series como Neon Genesis Evangelion (1995) o Cowboy Bebop (1998) dando una vuelta de 180 al formato coming of age con “villano de la semana”, Dragon Ball ha pervivido siendo, justamente, muy tradicional. Batallas-tras-otras, escalas de poder, buenos buenísimos y malos malísimos.

Entonces, ¿por qué sigue funcionando hoy? ¿Qué hace que Dragon Ball Z (1996) mantenga su relevancia treinta años después? ¿Por qué nos interesa tanto la hipermodernidad de Dragon Ball Super (2015) como el espíritu retro de Dragon Ball Daima (2024)? Tanteemos el fenómeno más allá de la simple nostalgia.

‘Dragon Ball’ tiene un ADN narrativo en constante evolución

Uno de los grandes aciertos de Dragon Ball es su flexibilidad tonal. La serie original mezclaba aventura, comedia y artes marciales con una naturalidad que todavía hoy resulta fresca. De hecho, muchos críticos consideran que esa primera etapa, la de Goku niño, posee una escritura más compacta, humorística y emocional que sus secuelas, desde la clásica Dragon Ball GT (1996) a nichos muy nicho tales que Dragon Ball Super: Super Hero (2022).

Cuando llegó Dragon Ball Z, la serie viró hacia la épica pura, como si creciera en su mezcla genérica de manera orgánica: sagas como la de Freezer, Cell o Majin Buu redefinían el shonen de combate, Goku pasaba de ser un niño ingenuo a un adulto con familia y Gohan evolucionaba de secundario a héroe. Para mí, Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses (2013) es una película de padres, porque los niños que vieron la saga original son ya padres. Este envejecimiento diegético, que digería la proporción de cada uno de sus géneros sobre una fórmula estándar, también promovía la sensación de estar madurando juntos, espectador y cuento, con las historias relatadas.

Y como nunca se pidió al anime que fuera nada más que eso, un anime –con sus fórmulas y sus repeticiones–, los spin-off destinados a estrujar la cartera no se sienten especialmente fuera de lugar. Yo ya sé que Dragon Ball: La leyenda del dragón Shenron (1986) o Dragon Ball Z: La resurrección de F (2015) son “una película más” de Dragon Ball, y ya está bien. Ahora bien, cuando hablamos del fenómeno de Bola de dragón, también deberíamos considerar el fracaso de Dragon Ball: Evolución (2009). Que no paguen justos por pecadores.

Hay ‘Dragon Ball’ tras todos los códigos del anime actual

Caemos en la hipérbole cada vez que apelamos al alcance de Dragon Ball, aunque no es para menos. Su influencia atraviesa generaciones y ha moldeado buena parte de los cánones narrativos que hoy asociamos al shonen. Los motivos y los combates de Naruto (2002), el espíritu bonachón de One Piece (1999); resulta imposible no vislumbrar, detrás de todos ellos, a Son Goku y familia. Vinieron ambas detrás de Dragon Ball, y ambas expandieron su legado.

Parecerá obvio, pero uno de los ejemplos de réplica más evidentes es el uso de transformaciones como recurso dramático. Desde la irrupción del Super Saiyan hasta formas más recientes como el Ultra Instinct, la franquicia estableció un modelo que luego adoptaron y adaptaron títulos como My Hero Academia (2016) o Jujutsu Kaisen (2020). Del mismo modo, los torneos de combate, la escala constante de poder o la figura del rival convertido en aliado (con Vegeta como arquetipo) se han convertido en estándares del género. Sí, hay Dragon Ball tras todos los códigos del anime (shonen) actual.

Pero la importancia de Dragon Ball no se limita a lo narrativo. Su papel en la expansión global del anime es igualmente determinante. Para la España de los años noventa, la serie actuó como puerta de entrada de millones de espectadores al mundo manganime, con Ataque a los titanes (2013) o Kimetsu no Yaiba (2019) beneficiándose del éxito que había abierto esa primera serie de “dibujitos animados”. Y claro, los números de taquilla de Dragon Ball Super: Broly (2018) aseguran que este abuelo está lejos de morir.

Y este último punto podéis comprarlo más o menos, pero los foros de internet están empecinados en el humanismo que predica la obra de Akira Toriyama, hoy más necesario que nunca. Goku encarna una filosofía basada en la superación personal, una motivación impepinable e imposible de caducar. Vegeta y Piccolo evolucionan desde la arrogancia hasta la redención, y el arco de Gohan demuestra que incluso el secundario menos reluciente puede merecer una primera línea. Será todo un cuento, pero es un cuento que apetece escuchar.

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Dragon Ball
Dragon Ball

Dragon Ball

1986

Hace mucho tiempo, en las montañas, el maestro de artes marciales Gohan descubrió a un excepcional niño que llegó a la Tierra en una cápsula durante una noche tormentosa, al que llamó Goku. Sin saber nada de su pasado, Gohan le crió como su nieto hasta los ocho años y le entrenó en artes marciales. Después de morir su abuelo, un buen día conoce a Bulma, una muchacha obsesionada con las misteriosas Bolas de Dragón. Juntos emprenderán la búsqueda de las siete bolas, una aventura que cambiará la vida de Goku para siempre.

Acerca de esta lista

Títulos

1

Duración total

150h 24min

Géneros

Acción & Aventura, Animación, Ciencia ficción

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