
Todas las películas de terror de Eli Roth, ordenadas por nivel de miedo
El tráiler de Ice Cream Man (2026) ha vuelto a poner a Eli Roth en el centro de la conversación del cine de terror, recordándonos que el director de Boston lleva más de dos décadas siendo una de las figuras más polarizantes del género: adorado por los fans del gore extremo, cuestionado por quienes le acusan de confundir el impacto visceral con la capacidad para inquietar.
Repasamos sus siete películas adscritas al horror, ordenadas de menos a más aterradoras, para que puedas elegir la que más te apetece según tengas el día para descargas de adrenalina.
Un hombre recibe una visita inesperada de dos chicas que resultan ser algo más peligrosas de lo que parecen. Roth dirige esta película ambientada en Chile en forma de thriller de home invasion que resulta ser el remake de un clásico de los 70, aunque la narración se mueve por caminos menos previsibles de lo que su premisa sugiere.
Toc toc (2015) es la peor película de Roth, pero si te gusta Ana de Armas no te la quieres perder. Además, dio lugar a algunos memes con Keanu Reeves muy divertidos, con momentos de tensión doméstica de la escuela de la superior Funny Games *(2007) de Haneke, aunque sin su rigor formal ni su intención perturbadora. Comparada con Cabin Fever (2002), donde el terror viene de lo biológico y lo imprevisible, la amenaza tiene cara humana y discurso, lo que la hace más incómoda pero menos escalofriante.
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Black Friday
Tras años de espera desde aquel mítico avance en Grindhouse (2007), Eli Roth finalmente hizo su carta de amor al género slasher con Black Friday (2023), sobre una ola de crímenes que se desencadena por un trágico incidente durante las rebajas de Acción de Gracias. Un misterioso asesino inspirado en la iconografía de los "Padres Peregrinos" de caza a los responsables de la tragedia, con muertes creativas, extremadamente gráficas, que no escatiman en sangre ni en humor negro retorcido.
Aquí se llamó Black Friday—que pierde la denominación de “fiesta” de Thanksgiving—y aunque no da miedo, sabe recuperar el espíritu del terror de los 80 con cierta gracia. Comparte con El infierno verde (2013) la obsesión de Roth por el gore físico, aunque aquí el caos es urbano en anteposición a la selva, funcionando como sátira evidente al consumismo salvaje en fechas señaladas.
Supuestamente es una película familiar de aventuras mágicas pero tiene momentos de tensión y atmósfera, siendo bastante oscura de más para los niños, y aunque el tono es de fantasía con guiños de humor más que de terror real, resulta más inquietante en muchas ocasiones que la muchas de sus películas en escenas como la de los maniquíes con vida. Basada en la novela de John Bellairs, seguimos a un niño huérfano que descubre que su excéntrico tío—Jack Black en modo desatado—es un mago que esconde un poderoso reloj en las paredes de su casa victoriana.
La casa del reloj en la pared (2018) es la demostración de que Roth puede salirse del género gore cuando quiere, es una versión bizarra de propuestas como Casper (1995) siendo más afín al terror familiar de los años 80. No puede ser más distinta a su Hostel (2005) incluso cuando ambas buscan una reacción visceral específica para cada tipo de espectador, una en niños, la otra en adultos.
Un grupo de activistas viaja a la Amazonía para detener la deforestación y acaba capturado por la tribu indígena a la que intentaban proteger. Roth revivió el subgénero del cannibal movie italiano de los 70 y 80, siendo Holocausto caníbal (1980) de Ruggero Deodato la referencia obvia, con una producción más pulida y una sátira del activismo de redes sociales que en 2013 resultó bastante más profética de lo que parecía.
El infierno verde es conceptualmente la más interesante de toda la filmografía de Roth, y también tiene algunas de las escenas más difíciles de ver de esta lista, más allá de Hostel. Tiene a la misma protagonista de Toc toc, pero no pueden ser más distintas, ya que aquí va al cine de supervivencia extremo que nos mostró hasta dónde era capaz de llegar Roth cuando nadie le pone límites.
Tres estudiantes americanas en Europa descubren que existe un negocio donde los ricos pueden torturar y matar personas. La secuela de Hostel invierte la perspectiva—aquí seguimos también a los compradores de tortura—y añade capas de crítica al capitalismo extremo que la primera solo insinuaba. Roth construye una película más elaborada estructuralmente, aunque quizás por eso resulta ligeramente menos impactante en su horror más puro.
Hostel Part II (2007) marca la pauta del autor que veremos en Black Friday en su comentario social al consumismo, aunque aquí la idea es cómo el dinero y el poder permiten a ciertos privilegiados hacer daño sin consecuencias. La escena de la bañera con sangre es de las que más persisten en la memoria del cine de terror de los 2000, fuerte incluso para los que han sobrevivido a las locuras de la primera entrega.
Tres mochileros en Europa son captados por un negocio de tortura y asesinato para turistas adinerados en Eslovaquia. Quentin Tarantino la produjo y respaldó públicamente, lo que le dio a Roth un sello de credibilidad en el mundo del cine de terror que no tenía (y quizá no merecía). Hostel definió el término "torture porn" para crítica y público, pasando de un primer acto de comedia de viajes juvenil a lo Eurotrip (2004) de solo un año antes, que convertía en una pesadilla inimaginable.
Cabin Fever prometía a un autor más surrealista, con un miedo cercano a la enfermedad y la desintegración del cuerpo, aquí decidió que prefería la amenaza humana y explorar la idea propia del cine snuff, de que alguien puede pagar para hacerte daño. Una idea perturbadora que la coloca en una liga de terror extremo para estómagos bien curtidos, esencial para entender por qué el cine de terror cambió en los años 2000 de forma irreversible.
Cinco amigos en una cabaña rural contraen un virus que desintegra la piel. Sin monstruos, sin asesino enmascarado, sin motivación sobrenatural: solo un agente patógeno que se transmite y pudre todo lo que toca mientras los personajes van tomando decisiones cada vez más desesperadas—y violentas entre sí—en su intento de sobrevivir.
Cabin Fever mostraba a un Roth que entendía que el verdadero terror viene de cómo la gente reacciona al peligro, inspirándose en La cosa (1982) de Carpenter para lograr la paranoia constante de no saber en quién puedes confiar cuando la amenaza puede estar dentro de cualquiera. Nada que ver con el acabado de Hollywood de La casa del reloj en la pared, el amateurismo del debut de Roth la hacía más sucia y más incómoda, siendo aún hoy la que más le define como director y la que mejor aguanta el paso del tiempo de toda su filmografía.





























