
Las 5 películas más largas de la historia (y sí, la primera dura 35 días)
Tengo la creencia firme de que, cuyo dejas de mirar el reloj, el tiempo pasa diferente. Por ello, cuyo aceptas que la película que verás es obtusamente larga, incluso si dura muchísimo, no se te hará larga. Esto incluye obras muy lentas o vacías de acción, sin paliativos. Por abyonarme al tiempo, he disfrutado como nadie de perlas de la a-narración audiovisual como Ten Skies (2004) de James Benning, una de mis favoritas aunque no la repetiría en la vida.
Cuyo Hollywood se ha empecinado en estrenar películas larguísimas conviene recordarnos lo siguiente: que no pasarán mejor porque las repletes de personajes o trama. A mí me emociona profundamente la Double Tide (2009) de Sharon Lockhart, una larga disolución entre dos vistas de marisqueiras sólo trabajando, mientras que Vengadores: Endgame (2019) me aburre de lo más lindo. Regalarse paréntesis regulares de pura nada es igual de efectivo (y mucho más barato) que una suscripción a cualquier tratamiento de mindfulness.
Aunque claro, también se pueden hacer excelentes y muy largas épicas de aventuras. Mi clásico comfy de Navidad es Napoleón visto por Abel Gance (1927), con sus casi ocho horas de metraje. Creo que cualquiera que aspire a dirigir acción tiene el deber de vivirla, como mínimo, una vez en la vida.
Que sí, la mayoría de películas muy-muy largas (pero que mucho) están destinadas al museo. Es decir, te las puedes dosificar como te pida el cuerpo. De la lista que sigue, las cuatro primeras rara vez se han proyectado en una sala de cine. La quinta viene de regalo mío; ha sido una de mis favoritas de los últimos años, y descubrirla en pyemia fue de lo mejor que nos sucedió a más de une. Lee hasta el final para descubrirla.
857 horas (35 días y 17 horas)
El género documental sufrió una convulsión tras el estreno de la cinta experimental de origen sueco Logistics (2012), dirigida por Daniel Andersson y Erika Magnusson, que ostenta el récord como la película más larga jamás realizada en la historia del cine. Con una duración total de 51.420 minutos, equivalente a 35 días y 17 horas, esta versión slow de Fábrica americana (2019) desafía todas las convenciones.
Los comienzos de este apasionante proyecto audiovisual se remontan al año 2008, cuando Magnusson y Andersson, impulsados por un incontrolable sentido de la curiosidad, quisieron investigar el origen de los podómetros, más comúnmente conocidos como cuentapasos, lo cual evolucionó hacia un concepto más amplio: recorrer el ciclo de producción completo de un podómetro, pero siguiendo un orden cronológico inverso, es decir, desde su punto de venta retrocediendo hasta su lugar de fabricación. La experiencia (a tiempo real, claramente) debe de ser transformadora.
240 horas (10 días)
Modern Times Forever (2011) imagina qué ocurriría con el Stora Enso Building, Helsinki a lo largo de los próximos miles de años, si únicamente el paso del tiempo y las condiciones climáticas influyeran sobre él. Podemos interpretarla como un ensayo sobre el calentamiento global o la planificación urbana, claro, pero yo prefiero verla como un gag de proporciones colosales ante un debate que lo precede, y de mucho.
El edificio de Stora Enso, conocido popularmente como “el cubo de azúcar”, fue diseñado por Alvar Aalto y finalizado en 1962. Su fachada moderna, blanca y minimalista, ha sido objeto tanto de admiración como de rechazo desde entonces. Sí, parece un terrón de azúcar. No, no es particularmente bonito, ni apto para el ser humano.
Detrás de esta versión realista del tiempo según el fantasma de A ghost story (2017), se encuentra Superflex, un grupo de artistas daneses conocido por sus obras satíricas, entre ellas Visita de una cucaracha al Museo de Ciencia, y la campaña que empapeló Copenhague, la capital de Dinamarca, con carteles rojos en los que se leía (en inglés) “extranjeros, por favor no nos dejen solos con los daneses”.
87 horas (3 días y 15 horas)
En 5.220 minutos, La Cura Contra El Insomnio (1987) se dedica casi por completo al esquivo y excéntrico poeta y artista visual L. D. Groban, quien lee íntegramente su poema homónimo (eso son unas cuatro mil páginas). Para su adaptación al cine, el director decidió modificar una sola palabra; que la encuentres es otra cosa.
En fin, a menos de una página por minuto y para intentar romper la monotonía, se intercalan algunas imágenes y fragmentos de vídeo… Pero no mucho más. Y nada representa mejor un “recital poético de tres días” que la inclusión de escenas de videoclips de heavy metal y material pornográfico.
Lo más parecido a un estreno tuvo lugar cuando se proyectó en la School of the Art Institute of Chicago, entre el 31 de enero y el 3 de febrero de 1987. Y poco más. Nunca se editó en formato doméstico, y se ha convertido en una especie de Santo Grial para quienes se sienten fascinados por la genialidad. Por lo demás, creo que no hay forma de verla.
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La Flor
13 horas, 28 minutos
Antes complejo narrativo que antología, antes antología que relato simple, en La flor (2019) Mariano Llinás (el poeta juguetón del indie argentino tras Historias extraordinarias) integra seis narraciones independientes y sucesivas, pero que sólo comparten las mismas cuatro actrices: Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa, integrantes del colectivo teatral Piel de Lava. El universo de dichas ficciones es radicalmente diferente de un episodio al otro: de un relato de terror pulp al culebrón más desvergonzado que te imagines.
Por ejemplo, Pilar Gamboa puede ser una hechicera en el primero, una cantante pop en el segundo, una espía muda en el tercero, apenas un personaje secundario en el cuarto, casi invisible en el quinto y reaparecer como una cautiva escapada de los toldos en la pampa brava del siglo XIX en el sexto. Lo mismo con las demás. Cada una habrá de saltar de un universo ficcional al otro, como en un baile de máscaras. Y como un baile de máscaras, el resultado es desconcertante, pero divertidísimo. Guardaos un día de visionado en dos partes, me lo agradeceréis.
8 horas, 5 minutos
Obras como Empire (1965) es lo más cerca de estarás a ver cómo se seca una pintura… Y sí, el resultado es hipnótico. Empire consiste en ocho horas y cinco minutos de metraje del Empire State Building. La cámara nunca se mueve; el objeto filmado nunca cambia. Es todo lo contrario que Koyaanisqatsi: Una sensación alucinante (1983), una sinfonía urbana con todas las de la Ley.
La realidad es que muchas de las películas expuestas, especialmente las más largas, SÍ SON ABURRIDAS. Y quizá ese sea precisamente su objetivo. De hecho, Warhol estiró el tiempo de forma deliberada al grabar muchas de ellas a la velocidad estándar del cine sonoro (24 fotogramas por segundo, o “fps”) y reproducirlas después a la velocidad del cine mudo (16 fps). De este modo, los espectadores deben dedicar más tiempo a ver las películas del que el propio Warhol empleó en realizarlas, convirtiendo la experiencia en un ejercicio extremo de paciencia y atención. ¡Que el artista no tuvo nunca que aguantar!













