
José Luis Garci recomienda estas películas para curar el mal de amores
En la filmografía de José Luis Garci, autor de clásicos o clasicorros como Volver a empezar (1982), Sesión continua (1984) o las dos primeras de El crack (1981), hoy redescubiertas, siempre ha latido una misma obsesión por el cine romántico. Cuando lo entrevisto en el 10º BCN Film Fest, en un monólogo torrencial, me regala una declaración fantástica: “No olvides que la película de tu vida, como la mujer de tu vida, siempre es de otro”. Y confiesa cuál es, para él, la película de su vida, la que no puede dejar de ver.
José Luis Garci no deja de ver melodramas románticos
José Luis Garci pertenece a una estirpe de cinéfilos que se crió en el clasicismo. Mientras otros celebraban la ruptura de la modernidad, él se aferraba a la emoción pura del melodrama. Su fascinación por Lo que el viento se llevó (1939) lo llevó a escribir un libro sobre él, ‘Lo que el viento se llevó: Un recuerdo, un comentario’. Dice: “Vería una y otra vez, y otra, ‘Lo que el viento se llevó’, porque es una maravilla”.
“Me fascina el mundo del tecnicolor”, un impacto alcanza su cima en uno de los momentos más célebres del cine, cuando Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) jura que nunca volverá a pasar hambre. Para Garci, esa escena es “como una aurora boreal”, una epifanía visual y emocional que resume el poder del cine clásico. Sí, todo el mundo la conoce y no hay dios que no la haya parodiado, pero el maestro del género español la toma como una epifanía total.
No es la única. En su repertorio de películas fetiche menciona obras como Perdición (1944) de Billy Wilder o Encadenados (1946) de Alfred Hitchcock, que considera “otra de las grandes, grandes películas de la historia del cine y de amor”. Para él, no hay duda: “Las mejores películas siempre son las de amor”. En ese mapa sentimental también hay espacio para propuestas más recientes, como Manhattan (1979) de Woody Allen, que Garci recomienda explícitamente como antídoto contra el desamor: “Cuando hay chicas y chicos que me hablan mal de amores, les digo que vean Manhattan. Es como medicina, un reconstituyente”.
La película que José Luis Garci ama tanto que copió en ‘Asignatura pendiente’
Garci reivindica sus influencias con una mezcla de orgullo y gratitud. En la entrevista, me confiesa que le gusta tanto Casablanca (1943) que, según él mismo, la “copió” sin que nadie lo notara: “Yo la copié y nadie se dio cuenta. Asignatura pendiente (1977) es una copia de Casablanca”, bromea, totalmente en serio. En definitiva, ambas historias giran en torno a un reencuentro amoroso marcado por el contexto político y por una separación inevitable. En Casablanca, Rick (Humphrey Bogart) se reencuentra con Ilsa (Ingrid Bergman), ahora casada con Victor Laszlo (Paul Henreid), en plena Segunda Guerra Mundial. En Asignatura pendiente, el contexto es la España de la Transición, con el final del franquismo como telón de fondo.
Garci lo explica así: “Es la historia de un chico y una chica que se han conocido antes, y que luego vuelven a verse, ahora casada ella también. Hay una situación política muy grave… Vuelven a encontrarse, pero se separan al final”. La estructura es la misma, pero el director español la actualiza y la reinterpreta. La homenajea, vamos.
Lejos de verlo como un plagio, Garci lo considera un acto de amor hacia el cine clásico: “yo cogí un clásico y le di la vuelta. Solo por eso le estaría agradecido”. Esa relación con el pasado define toda su obra, siempre más cercana a John Ford o Friedrich Wilhelm Murnau que a las rupturas de la Nouvelle Vague. De hecho, sobre la Nueva Ola francesa “dio una patada al caballete, y dijo ‘así ya no se hace el cine. Fuera, utilizad la cámara en mano’. Pero a mí me gusta otro tipo de pintura, el cine con sombreros”, ríe.
Por qué ver 'Casablanca' (y qué ver después)
Para el cineasta, Casablanca no es solo una gran película: es La Película. “Es realmente lo más grande que se ha hecho en amor en el cine. Es tener y no tener”, dice, evocando a Sócrates. Pero cómo no va a apelarnos a todes este “quiero pero no puedo” romántico, este “tengo y no lo tengo al mismo tiempo”. Esto lo sé de entrevistas anteriores, pero otro de los clásicos favoritos de Garci es Breve encuentro (1945), la siguiente gran historia sobre el amor imposible.
El final, con Rick y Ilsa despidiéndose entre la niebla, sintetiza esa idea de amor imposible que, paradójicamente, es el más duradero. “Es una película con un final agridulce… Una despedida envuelta en niebla, lo que rompía con todos los esquemas de la época”, recuerda un Garci emocionado.
A partir de ahí, sugiere un itinerario sentimental para el espectador. Tras Casablanca, recomienda explorar otros romances de cine: desde la elegante Tú y yo (1957) de Leo McCarey, aquel encuentro imposible entre Cary Grant y Deborah Kerr en el Empire State, hasta la intensidad de Encadenados (1946) de Hitchcock, con el beso más largo de la historia. También menciona joyas menos conocidas, como Viaje de ida (1932) de Tay Garnett, un Bonnie y Clyde (1967) 35 años antes, o el cine de Joseph H. Lewis, donde el amor se mezcla con la violencia y la fatalidad.
Sin embargo, Garci advierte: “Elegir una o dos películas es muy complicado”. Por eso propone imaginar que solo quedan tres meses de vida y decidir qué ver. “Cuando hagas este tipo de entrevistas a la gente”, me aconseja, “dile, ‘te quedan tres meses de vida, ¿qué película vas a ver? ¿Te vas a ver a Fassbinder o a Howard Hawks? ¿Qué es lo que te va a gustar ver?’”.
“Yo me acuerdo que, cuando estaba muriendo, José Luis Guarner [el mejor crítico de la historia de nuestro país] pidió ver Centauros del desierto (1956). Fue la última película que él vio. Entonces, ¿qué te gustaría ver, un musical?”. La respuesta, para él, no deja lugar a dudas. Frente a cualquier otra opción, siempre vuelve a Casablanca.









































