Todas las películas de 'Torrente' en orden

Todas las películas de 'Torrente' en orden

Juan José Mateo
Juan José Mateo

Publicado el18 de marzo de 2026

Actualizado el18 de marzo de 2026

Hay sagas que envejecen. Hay sagas que se oxidan. Y luego está Torrente, que lleva veintiocho años haciendo lo mismo con el mismo personaje y que, cada vez que reaparece en pantalla, demuestra que España todavía tiene un sitio reservado para José Luis Torrente en algún lugar entre la risa y la vergüenza ajena. 

Desde que Santiago Segura estrenó Torrente, el brazo tonto de la ley en 1998 hasta el regreso de marzo de 2026 con Torrente presidente, la franquicia ha acumulado más de 80 millones de euros en taquilla solo con sus primeras cinco entregas, convirtiéndose en la saga cinematográfica más lucrativa de la historia del cine español.

Segura es un caso singular en la industria nacional: guionista, director, productor y actor principal de todas las entregas, su figura resulta indisociable del personaje que creó. Antes de Torrente era un secundario carismático que había brillado en El día de la bestia (1995) de Álex de la Iglesia; después de Torrente, se convirtió en el director más taquillero del cine español, un título que ha consolidado también con su saga Padre no hay más que uno

En esta guía repasamos, en orden de estreno, las seis películas de la saga: de qué tratan, cómo funcionan y qué lugar ocupan en la filmografía de un cineasta que ha construido un universo entero a partir de un antihéroe con resaca.

Todo empezó en 1998 sin que nadie pudiera anticipar lo que estaba a punto de ocurrir. Torrente, el brazo tonto de la ley presentaba a José Luis Torrente: expolicía, machista, racista, franquista, fan de El Fary y del Atlético de Madrid, alcohólico redomado y habitante de un Madrid castizo y cutre que Segura filmaba con la mirada de alguien que conoce ese mundo desde dentro. 

La trama, construida alrededor de una investigación amateur sobre una red de narcotráfico en un restaurante chino del barrio, era el hilo conductor más delgado posible para encadenar una serie de gags que oscilaban entre lo brillante y lo infame.

La película alcanzó la barrera mítica de los tres millones de espectadores y se convirtió en todo un fenómeno social. Cerró el año como la producción española más taquillera. Ganó dos Premios Goya: mejor dirección novel para Segura y mejor actor de reparto para Tony Leblanc, cuya reaparición en pantalla después de más de dos décadas de retiro fue uno de los hallazgos más emotivos de la película. El reparto contaba también con Javier Cámara, Chus Lampreave y una ristra de cameos que incluía a Javier Bardem o Jorge Sanz, entre otros.

Lo que hace que esta primera entrega siga siendo la más interesante de la saga es que Torrente todavía no era un icono: era una apuesta. Segura no sabía si el público iba a reírse con él o a salir de la sala indignado, y esa incertidumbre le da a la película una tensión cómica que las secuelas, construidas sobre la seguridad del éxito, nunca volvieron a tener. 

La comparación más honesta no es con ninguna otra comedia española, sino con Así es Spinal Tap (1984), otra película que dependía de un personaje irredimible y que funcionaba porque su creador no le pedía perdón a nadie por lo que estaba haciendo.

Tres años después, Segura llevó a su criatura a la Costa del Sol. Torrente 2: Misión en Marbella arrancaba con Torrente instalado en Marbella, trabajando como detective privado después de haber perdido la fortuna obtenida en la primera entrega. La trama, bastante más ambiciosa en términos de producción que su predecesora, giraba alrededor de un terrorista llamado Spinelli —interpretado por José Luis Moreno, en uno de los castings más surrealistas de la saga— que amenazaba con destruir la ciudad si no recibía un rescate millonario. Junto a Torrente regresaba Cuco, interpretado de nuevo por Gabino Diego, y reaparecía Tony Leblanc en un papel diferente al de la primera entrega.

La película fue la más taquillera de la historia del cine español hasta ser superada por Los otros, y se convirtió en un acontecimiento en el año en que se estrenó. Sigue siendo la entrega más taquillera de la saga, con más de 22 millones de euros y más de 5,3 millones de espectadores. La cifra, vista hoy, sigue siendo una de las más altas de la historia del cine español. Inés Sastre y Arturo Valls completaban un reparto que incluía también los habituales cameos, en esta ocasión de mano de Andreu Buenafuente, El Gran Wyoming y una galería de rostros conocidos del panorama televisivo y musical de la época.

El problema de Torrente 2 es el que afecta a casi todas las secuelas de comedias: el elemento de sorpresa ha desaparecido y el personaje, que en la primera entrega tenía la frescura de algo que no habías visto antes, se convierte aquí en una marca que hay que gestionar. Segura lo sabe y compensa la falta de novedad con una escala mayor y un ritmo más frenético, pero el resultado, aun siendo sólido, no alcanza la densidad cómica del original. 

Tiene cosas en común con Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (1975) de Monty Python: también una segunda obra que funcionaba sobre el mismo material con menor urgencia creativa, pero que seguía siendo más divertida que el noventa por ciento de sus contemporáneas.

Cuatro años de espera y una premisa que era, en el fondo, una parodia de El guardaespaldas (1992): Torrente encargado de proteger a una eurodiputada italiana, Giannina Ricci —interpretada por Yvonne Sciò—, que ha llegado a España para denunciar las ilegalidades de una multinacional. Para la misión, Torrente recluta un equipo de colaboradores que incluía a José Mota, Javier Gutiérrez y Carlos Latre, y el resultado fue una película que dividió a la crítica y siguió entusiasmando al público.

En su día fue el estreno más taquillero de la historia del cine en España, con 7,2 millones de euros de recaudación en su primer fin de semana, batiendo el anterior récord de Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith. Recaudó en total 18,1 millones de euros. 

La película contaba además con un elemento de distinción que el propio Segura se encargó de destacar: el cartel fue diseñado por Drew Struzan, el mismo artista que diseñó los carteles de las sagas de Indiana Jones y Star Wars. 

Torrente 3 es probablemente la entrega más desigual de la saga, con momentos de genuina inspiración —la secuencia de reclutamiento de los ninjas, la persecución— y otros en que el motor parece atosigar sin llegar a ningún lado. Parte de la crítica la recibió como la señal de que el formato se agotaba; el público demostró que no era así. 

La comparación más iluminadora es con Austin Powers en Miembro de Oro (2002), otra tercera entrega de una franquicia de humor disparatado que seguía funcionando en taquilla mientras la coherencia interna se iba diluyendo.

Seis años de ausencia y una apuesta tecnológica: Segura apostó por el 3D estereoscópico para la cuarta entrega, subiendo el presupuesto y la ambición de producción hasta niveles que el cine español rara vez había alcanzado en el género de la comedia. 

La trama arranca con Torrente infiltrándose en una boda como vigilante de seguridad, y a partir de ahí la película se desplegaba en una serie de situaciones que la crítica recibió de manera más favorable que sus dos predecesoras inmediatas.

La película se estrenó en 2011 con una gran cantidad de famosos en su reparto, entre ellos Kiko Rivera, Belén Esteban, Ana García Obregón, Fernando Esteso y los futbolistas Sergio Agüero, Cesc Fàbregas, Gonzalo Higuaín y Sergio Ramos. 

El día del estreno obtuvo más de 2,4 millones de euros de recaudación, convirtiéndose en el segundo más exitoso en la historia del país solo superado por Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto. La película recaudó en los cines españoles 19,5 millones de euros, tras ser vista por más de 2,6 millones de espectadores.

Lo que distingue a Torrente 4 de las entregas anteriores es que Segura parece haber encontrado de nuevo la energía de las primeras películas, quizá empujado por el largo intervalo de ausencia. El personaje de Torrente sale de la ecuación de los cameos de famosos —que en Torrente 3 habían empezado a pesar demasiado en el conjunto— y recupera su centralidad como motor cómico. 

Aunque la comparación pueda resultar rocambolesca, recuerda a Rocky Balboa (2006), otra película de una saga que, después de una entrega fallida, volvía a sus orígenes con la energía renovada de quien tiene algo que demostrar.

La quinta entrega abría con un Torrente recién salido de la cárcel en un 2018 imaginario, descubriendo una España fracturada que ya no reconocía: Cataluña independiente, El Fary muerto, el Calderón demolido. El plan, a partir de ahí, era montar un atraco al casino de Eurovegas con un equipo de inadaptados que incluía a Julián López, Carlos Areces, Fernando Esteso y la incorporación más inesperada de toda la saga: Alec Baldwin como villano.

El reparto se completaba con Julián López, Jesulín de Ubrique, Fernando Esteso, Carlos Areces, Angy Fernández, Anna Simon, Neus Asensi y Chus Lampreave. La película obtuvo 10,7 millones de euros en taquilla y fue el mejor estreno de una película en España en 2014. 

La incorporación de Baldwin generó más curiosidad que convicción: recién salido de Rockefeller Plaza y de Blue Jasmine de Woody Allen, el actor estadounidense resultaba extraño en el universo de Torrente, y su presencia añadía un cierto aire de circo que no siempre funcionaba a favor de la película.

Torrente 5 es la entrega más política de las primeras cinco, cargada de referencias a la España del momento, y también la que más nota el peso de una franquicia que llevaba dieciséis años en marcha. No es la peor de la saga —ese honor corresponde probablemente a la tercera entrega—, pero sí la que más muestra los límites de un formato que había dado prácticamente todo lo que podía dar. 

Tiene cosas de Ocean's Thirteen (2007) de Soderbergh, otra película de atracos que reconocía de manera implícita la inercia de la franquicia mientras se empeñaba en seguir funcionando dentro de ella.

Doce años después de la quinta entrega, Segura ejecutó una de las campañas de marketing más audaces del cine español contemporáneo para Torrente presidente: ningún tráiler, ninguna imagen, ningún pase de prensa hasta el día del estreno. La estrategia del secretismo total generó una expectación que se ha traducido en datos de taquilla históricos: la película se lanzó en la taquilla española el 13 de marzo de 2026, y fue el mejor estreno de una película española en los últimos 15 años, con unos 300.000 espectadores y 2,4 millones de euros recaudados en su primer día. En su primer fin de semana recaudó más de 7 millones de euros, convirtiéndose en el cuarto mejor estreno español de la historia.

La trama sitúa a Torrente en el territorio más obvio y más inevitable dado el momento político español: la política electoral. Convencido de que el país necesita mano dura y su particular visión del orden, Torrente se lanza a una campaña electoral disparatada, rodeado de asesores incompetentes, influencers oportunistas y viejos conocidos. El partido ficticio Nox, los cameos de figuras del panorama mediático y político actual, y la presencia de Gabino Diego recuperando a su personaje de Torrente 2 son algunos de los elementos que los espectadores pudieron descubrir.

La recepción de la crítica ha sido dividida, como es habitual con la saga. Mientras algunas voces la describieron como una sátira certera que desnuda la impostura de la extrema derecha, otras consideraron que disparar contra todo y contra todos termina diluyendo su mordiente político. 

Lo que parece indiscutible es que Segura ha entendido algo que muchos directores no acaban de aprender: que el público español tiene una relación con Torrente que va más allá de la risa, y que el personaje funciona como un espejo deforme en el que España se reconoce sin querer del todo admitirlo.

Acerca de esta lista

Títulos

6

Costo total de visualización

8,99 €

Duración total

9h 48min

Géneros

Comedia, Europeas, Crimen

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