Esta será una guía corta, porque de entrada no debería existir. Entiendo que no todo el mundo vaya alardeando de su bagaje sobre la animación japonesa en contextos “serios”, porque en España aún conserva el peso injustificado de los “dibujos animados” y sólo para mentes perversas.
Hay personas –claramente fuera del mundo anime– que llamarán Sōsō no Frieren (2023) una serie infantil, sólo por el tamaño de los ojos de sus personajes, y hay quienes verán en los fans del anime de género puro de JoJo's Bizarre Adventure (2012) auténticos degenerados mentales. Ya sabemos que el fantástico y la expresividad estética nunca fueron bien recibidos por la academia.
Así que no deberíamos andar con la cabeza baja a raíz de nuestra filia por un arte tildado de infantil o de macabro, porque dicha concepción nace del desconocimiento. Con esto esclarecido, quiero destacar cinco películas de anime que –por razones muy dispares– pueden gustaros mucho como espectadores adultos y que podéis compartir sin miedo. Ojo, porque las cinco (sin orden establecido) son relativamente desconocidas o mal consideradas, y merecen una segunda vida.
Redline (2009)
Redline (2009) supone un auténtico viaje en el tiempo. Dibujada a mano a lo largo de siete años, la película se siente una hija directa de la década de 1980. Se inscribe en la tradición estética de Ninja Scroll o Midnight Eye: Goku (1989), pero con un nivel artístico que deja a todas ellas atrás. Es el Toblerone del deleite visual, y tiene un final bastante sorprendente. Por desgracia (y por ello creo que no se recomienda más), en algunos momentos es sorprendentemente tonta; de lo contrario, sin duda sería un clásico.
Pero adulto: está bien que acudas a la pantalla sólo para ver carreras de coches espectaculares. Los primeros diez minutos y la última media hora ofrecen algunas de las experiencias más emocionantes que el anime puede brindar. La acción está bien coreografiada y es fácil de seguir, algo que debería ser obvio pero que ya no puede darse por sentado en el mundo posterior a Transformers (2007).
Ninja Scroll (1993)
Aún recuerdo encontrar Ninja Scroll (1993) enterrada en la sección infantil de mi videoclub de referencia. Vale, la cantidad de edginess que se invertía para demostrar que aquello era material para adultos a veces sobrepasaba lo contracultural y se iba al campo del ridículo, pero esto no invalida el carácter personalísimo que hoy ya no encontramos en el anime comercial. Y así llego a recomendar Ninja Scroll, que es el epítome de todo lo que vengo de describir pero que nunca nadie se atreverá a comparar con Samurai Champloo (2004) por miedo al rechazo social.
Ninja Scroll sigue a un espadachín mercenario que se enfrenta a un grupo de ninjas con poderes sobrenaturales que conspiran para derrocar al shogunato Tokugawa. En su viaje lo acompañan una kunoichi y un espía astuto. Lo dicho: nada que hoy no hayamos visto ya, pero es lo que tiene ser la abuela molona de todo el anime de samuráis contemporáneo. En fin, una odisea cruda y violenta, algo adolescente a ratos, pero a la que no falta sangre… SI me entendéis, como la Hellsing (2001) para Vampire Hunter D: Bloodlust.
El castillo en el cielo (1986)
No todo el anime que nos da apuro recomendar deriva de tomarse demasiado en serio a sí mismo, ni ser muy puro en su acercamiento al fantástico… A veces, simplemente el anime parece cosa de niños. El castillo en el cielo (1986) tiene a dos niños por protagonistas, sí, y a una aventura de una sencillez desarmante: encontrar Laputa, el castillo en el cielo, y escapar de las hordas de piratas que buscan lo mismo, liderados por la maravillosa capitana Dola (¡viva las abuelas!).
Pero ya me gustaría ver el nivel de acción, giros argumentales y apuestas emocionales a los que llega El castillo en el cielo, o cualquiera de sus hermanas de la época, tales que Nausicaä del valle del viento (1984), en una película más reputada. Que no nos acordemos tanto de ella, como sucede con Steamboy, es más un error de narrativa histórica que culpa de la película en sí.
Vampire Hunter D: Bloodlust (2000)
Como explicaba sobre Ninja Scroll: los años noventa acarrearon una buenísima cosecha para el anime, en la pequeña y la gran pantalla, aunque ahora se los tilde de desfasados. Vampire Hunter D: Bloodlust (2000) es de sus hijos pródigos menos prodigados. Como si volviéramos a los palacios góticos del Drácula de Bram Stoker (1992) a través de la brutalidad apocalíptica de Mad Max: Furia en la carretera (2015), Toyoo Ashida imagina a un demi-vampiro desalmado que se arroja a salvar a una damisela que no quiere su ayuda.
Esta es la ligera excusa que se nos propone para construir una ópera de vísceras y terciopelo, donde la muerte acecha veloz detrás de cada encuentro. Diremos que todo el anime cool que la ha seguido, cuyo epítome es Castlevania (2017), ha tratado de replicar sus endemoniados pasos.
Steamboy (2004)
Si dudas, mete explosiones. Aunque no lo asumamos, esta fue la conclusión a la que llegó Katsuhiro Otomo al final de Akira (1988), a la que sí hemos reivindicado mucho. Steamboy (2004), al igual que aquella infame película, termina en una gigantesca explosión de gloria… Y si a Akira se le reprocha ser excesivamente compleja, a Steamboy puede achacársele todo lo contrario: ser demasiado sencilla en casi todos los aspectos. ¿Eso la hace menos adulta? Para nada, si no mira todas las simpleces del cine de superhéroes actual.
Además, en lo visual Steamboy es deslumbrante. El despliegue bombástico de esta aventura steampunk justifica los 20 millones de dólares que se invirtieron en su producción, y el nivel de detalle es extraordinario. Sin duda, una de las producciones más impresionantes que ha ofrecido el mundo del anime. Todo, sobre un corazón de pura serie B: cine al estilo Roland Emmerich y Jerry Bruckheimer, una mezcla de Día de la independencia (1996), El día de mañana (2004) y Armageddon (1998) envuelta en una aureola de vapor. ¡A gozar!





























































































