
Los clásicos de la infancia de Lolita Flores que no ha dejado de ver
Hija de Lola Flores y Antonio González “El Pescaílla”, Lolita creció en un entorno creativo en el que la música y la interpretación eran el pan de cada día. Más allá del flamenco y los escenarios, cuenta como su padre le abrió una puerta al séptimo arte: “Mi padre me metió en el cine negro, pero también en todas las comedias de Cary Grant, todas las de Robert Taylor…”.
Es decir, en casa de los Flores se veían muchas películas (las de la época, es decir, se estaba al día con los estrenos), y el acercarse a una sala formaba parte de una rutina familiar. Sin embargo, “para mí una película sola no te la podría decir, porque soy cinéfila desde que era chiquitita”. Flores, con quien hablamos durante el pasado BCN Film Fest por el estreno de su última película, Mallorca Confidencial (2026), decide no decidirse.
En realidad, en casa siempre fueron más del cante y eso no ha cambiado. Le pregunto a Lolita Flores si tienen alguna película que les reúna como familia, como tantos hogares ven Harry Potter y la piedra filosofal (2001) o Solo en casa (1990) por ritual navideño. Lo niega en rotundo: “En Navidad no ponemos películas, ni musicales, ponemos música para bailar y cantar”. No esperaba menos. Repasemos ahora qué películas han formado parte del sustrato emocional de Lolita Flores, de pequeña y hasta ahora.
Las películas que veía Lolita Flores de niña y por qué verlas
Aunque Lolita no se limita a una sola película, sí menciona varios títulos y actores que marcaron su infancia. Por ejemplo, el cine clásico de Hollywood fue clave. Si nos quedamos con nombres como el de Cary Grant, volveremos a esa comedia elegante, rápida y llena de ironía que definió los años cuarenta. Grant tenía un timing cómico perfecto y una presencia que elevaba cualquier guion, entre el atractivo, lo patético y lo inquietante. Películas como La fiera de mi niña (1938) o Historias de Filadelfia (1940) siguen siendo referentes.
Como seguramente ya las tengas controladas, deja que te recomiende un documental sobre el propio actor Archie: El hombre que se convirtió en Cary Grant (2023), un alias que escondía la identidad y carácter reales de Archibald Alexander Leach. Hoy, resulta admirable incluso como icono de la cultura bi.
Por otro lado, Lolita Flores menciona a Robert Taylor, uno de los galanes clásicos de Hollywood. Taylor protagonizó tanto dramas históricos como cine romántico y bélico, consolidándose como una figura versátil dentro del star system de los años cuarenta y cincuenta. Vamos, el guapo de las películas.
Saca la libreta. Si quieres descubrir a Robert Taylor, empieza por El puente de Waterloo (1940), romance tormentoso ambientado en la Primera Guerra Mundial donde Taylor interpreta a un oficial enamorado de una bailarina. Y continúa con Quo vadis (1951), una superproducción en clave de péplum donde encarna a un general dividido entre el deber y el amor. Otra joya encubierta del cine queer, por cierto.
Y luego están las películas que Lolita Flores rescata con urgencia, cuando ya casi se marchaba. La artista menciona sin pensarlo Matar a un ruiseñor (1962), protagonizada por Gregory Peck como Atticus Finch, un abogado que defiende a un hombre negro acusado injustamente en el sur de Estados Unidos. Es una historia que cala hondo, especialmente cuando se ve desde joven. Aunque, me advierte risueña, “esa es muy antigua”.
También menciona una película que resultó tremendamente formativa para ella, estrenada una década más tarde: Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), encabezada por Jack Nicholson. Como El club de los poetas muertos (1989) años después, aquí se escribió una crítica feroz a las instituciones psiquiátricas y, en general, a cualquier sistema que aplastara la individualidad. ¿El mejor papel de Jack Nicholson? Quizás.
Si te fías de Lolita Flores y aún has de tacharlas, en la línea de cine con enjundia, hoy deberías ver otro retrato coral sobre el bien común y justicia en colectivo, En primera plana (2015), o La Grazia: La belleza de la duda (2025), aunque dice José Luis Garci que a la película le sobran sus veinte minutos. Sea como sea, yo la veo como clásico para el día de mañana.














