
¿El dragón Fuegosol está muerto en ‘La casa del dragón’? Su destino, explicado
El episodio 4 de la temporada 3 de La Casa del Dragón (2022-) nos dejó con el corazón encogido. Después de la Batalla de Reposo del Grajo, todos dimos por hecho que Sunfyre —o, para los amigos, Fuegosol o Fuegosolar—había muerto a causa de las heridas provocadas por Meleys. Y el show no hizo más que confirmarlo. Tanto es así que el final del episodio 4 parecía poner los últimos clavos en el ataúd de Fuegosolar. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si nada es lo que parece? Si quieres saber más, únete a nosotros mientras descubrimos si Sunfyre realmente murió en La casa del dragón y analizamos el destino del dragón dorado.
El episodio 4 deja una gran duda: ¿Sunfyre sigue vivo?

Desde que abandonó Desembarco del Rey, la vida de Aegon II no ha hecho más que empeorar. El rey depuesto emprende un viaje lento y lleno de penurias junto a Larys Strong, siempre ocultando su identidad y mezclándose entre el pueblo para evitar ser reconocido. Su huida, sin embargo, termina llevándolo justo al lugar donde comenzó su caída: Reposo del Grajo.
Lo que encuentra allí es… desolador. El lugar de una de las batallas más sangrientas de la Danza de los Dragones se ha transformado en una especie de atracción macabra en la que Sunfyre, inmóvil y prácticamente muerto, está expuesto como si de una exhibición de feria se tratase. Algunos lugareños se han apropiado del lugar y cobran unas monedas a cualquiera que quiera acercarse a contemplar o tocar los restos del legendario dragón dorado.
Durante varios episodios, tanto el Consejo Verde como los propios habitantes de Desembarco del Rey habían dado por hecho que Fuegosolar había muerto. Incluso en el tercer episodio de La casa del dragón (2022-) se menciona varias veces que sus restos llevaban tiempo descomponiéndose en Reposo del Grajo. Y el episodio 4 nos dio la oportunidad de verlo en vivo y en directo—y ese pobre dragón nos rompió el corazón.
Y cuando Aegon lo ve…su dragón es lo único que tenía, el único que realmente le demostró que lo quiso alguna vez. Así que simplemente no puede creerlo. No puede creer que ya no esté. No obstante, no está todo perdido. Aegon corre desesperado para abrazar a su dragón. Mientras todos contemplan un cuerpo inmóvil que parece un cadáver, él empieza a gritar asegurando que su dragón sigue respirando y que continúa con vida.
Aunque Larys acalla rápidamente a Aegon para evitar que revele sus verdaderas identidades, él no se marcha con las manos vacías. Antes de abandonar el lugar, arranca una de las escamas doradas de Sunfyre y la guarda como recuerdo. Y, aunque no llegamos a sentirnos mal por Aegon—recordamos perfectamente la clase de ser que es—sí que su dolor nos hizo removernos un poco, para qué nos vamos a engañar.
Dicho esto, ¿Aegon tiene razón y Sunfyre está vivo o sólo está en negación? Bueno, nuestro dinero está en que sigue con vida.
Las pistas que demuestran que Sunfyre sigue con vida

Es cierto que, a simple vista, cuesta creer que el dragón siga con vida. Su cuerpo permanece completamente inmóvil, tendido exactamente donde cayó tras enfrentarse a Meleys. Y sus ojos están cerrados. No come y no se siente su respiración. El único que la sintió fue Aegon…y esa es la clave.
Aegon es su jinete. Ambos tienen una conexión especial, casi mística. Si alguien iba a saber si Sunfyre está muerto es él. Y si alguien puede sentir su respiración, es él. Por eso, en cuanto Aegon toca a Sunfyre, no duda ni un segundo. Está convencido de que sigue vivo. Simplemente lo siente. Porque la conexión entre un jinete y su dragón va mucho más allá de cualquier vínculo. Es una conexión tan profunda que permite a ambos percibirse de una forma que nadie más puede comprender.
Además, aunque Fuegosolar tiene enormes heridas, su aspecto no coincide con el de un animal que llevara muerto durante tanto tiempo. No está…descompuesto. Para muestra, la cabeza de Meleys. El estado de descomposición de la cabeza y de Fuegosolar es muy diferente, lo que sugiere que Sunfyre no está tan muerto como todos parecen creer.
Pero entonces, ¿por qué no come o respira? La explicación más lógica es que el dragón haya entrado en una especie de letargo. Una hibernación provocada por la gravedad de sus heridas que le permite conservar energía mientras intenta recuperarse. Su cuerpo se está curando, está sanando, esperando el momento perfecto para despertar y reunirse con su jinete.
Además de todo esto, en realidad Juego de tronos (2011-2019) ya nos dio la respuesta sobre el destino de Sunfyre…y su papel en la muerte de la reina Rhaenyra.
En el show, nuestro odiado Joffrey Baratheon revela que la reina acaba muriendo quemada y devorada por el dragón de Aegon II. Por lo que, si Sunfyre hubiera muerto realmente en Reposo del Grajo, ese momento jamás podría suceder.
Así que no, no pensamos que los guionistas se hayan vuelto locos y hayan decidido cambiar un acontecimiento tan importante de la Danza. Creemos que simplemente están preparando un golpe que nadie va a ver venir, ni siquiera los lectores del libro.
El destino de Sunfyre en Fuego y Sangre cambia toda la historia

Aunque La casa del dragón (2022-) todavía no ha llegado hasta ese punto de la historia, Fuego y Sangre—el libro de George R.R. Martin en el que el show está basado—deja claro que las heridas sufridas en Reposo del Grajo nunca fueron el final de Sunfyre. De hecho, es todo lo contrario.
Tras la batalla contra Meleys, Fuegosol, gravemente herido, se esconde cerca del campo de batalla hasta que Criston Cole termina encontrándolo. A partir de ese momento comienza su lenta recuperación. Lo alimentan poco a poco mientras sus heridas cicatrizan y, con el paso del tiempo, recupera la fuerza suficiente para volver a levantar el vuelo.
No vuelve a ser el mismo dragón de antes, pero consigue reunirse con Aegon en Rocadragón, donde ambos se refugian lejos de la guerra que continúa consumiendo Poniente. Y eso marca un punto de inflexión en la Danza. Aunque Baela es la protectora y señora de Rocadragón en nombre de Rhaenyra, Aegon cuenta con la ayuda de varios traidores que apoyan a los Verdes, entre ellos Ser Alfred Broome, cuya traición le permite a Aegon hacerse con el control de la fortaleza sin que los Negros puedan reaccionar.
La victoria parece fácil. Y, de algún modo, lo es. Pero Baela no se rinde y consigue escapar de quienes intentan capturarla. Ella corre hasta el refugio de los dragones. Allí monta a Danzarina Lunar, su dragona, que es mucho más joven y pequeña que Sunfyre, pero también infinitamente más rápida y ágil.
En condiciones normales, el enfrentamiento sería desigual. Sin embargo, Fuegosolar todavía arrastra las secuelas de las heridas sufridas en el Grajo, algo que Baela y Danzarina Lunar aprovechan desde el primer instante. En el aire, Baela evita una y otra vez las llamaradas del dragón dorado y comienza a atacarlo desde ángulos muertos, desgarrándole el cuello y castigando unas alas que nunca llegaron a recuperarse por completo.
No obstante, ninguno de los dragones consigue imponerse.
Envueltos en sangre, fuego y desesperación, ambos dragones terminan entrelazándose en pleno vuelo antes de precipitarse contra el patio de piedra de Rocadragón. Baela sobrevive por muy poco. Consigue arrastrarse entre las llamas con graves quemaduras antes de ser capturada y tomada como prisionera por los hombres de Aegon.
En cuanto al usurpador, él tampoco sale indemne. Presa del pánico al ver acercarse el suelo, salta de la silla de montar desde unos seis metros de altura. La caída le destroza las dos piernas y las secuelas lo acompañan durante el resto de su vida. Nunca volverá a caminar y convivirá con un dolor constante, rechazando incluso la leche de amapola por miedo a que alguien la utilice para envenenarlo.
Dicho esto, Sunfyre paga un precio todavía mayor que Aegon.
Aunque sobrevive al combate, esta vez sus heridas son imposibles de curar. No puede volver a volar y apenas logra arrastrarse por el patio del castillo. El enorme dragón dorado queda reducido a una sombra de sí mismo. Igual que su jinete. Aunque este no sería el final para ninguno de los dos.
Poco después de esta batalla, la situación en Desembarco del Rey se vuelve insostenible para Rhaenyra. Los disturbios del pueblo, el caos que acaba con varios dragones en el Pozo Dragón y el deterioro de su propio gobierno la obligan a abandonar la capital. Convencida de que Rocadragón sigue siendo un refugio seguro para los Negros, vende incluso su corona para pagar el pasaje en un barco mercante que la lleve de vuelta a su hogar ancestral…desconociendo que ha caído en manos de Aegon.
Cuando desembarca de noche junto a un pequeño grupo de fieles y su hijo menor, Aegon el Joven, descubre demasiado tarde la realidad. Los cadáveres de algunos de sus partidarios cuelgan a la vista de todos y los soldados de Aegon la capturan sin que pueda ofrecer resistencia. Así, la llevan inmediatamente al patio del castillo. Frente a Aegon.
Él permanece sentado porque sus piernas rotas ya no le permiten mantenerse en pie. Detrás de él descansa Sunfyre, inmóvil sobre la piedra, tan herido que casi parece incapaz de reaccionar. Y Aegon no tarda en dictar sentencia. Ordena que Rhaenyra sea ejecutada alimentando con ella a su propio dragón.
Pero ni siquiera entonces Fuegosol responde.
Demasiado débil por las heridas, apenas reacciona ante la presencia de la reina. Solo permanece inmóvil observándola. Es Ser Alfred Broome, el traidor, quien termina provocando la escena definitiva al clavarle una daga en el pecho a Rhaenyra. El olor de la sangre despierta el instinto del dragón moribundo.
Sunfyre abre entonces la boca y exhala una llamarada de fuego dorado que envuelve por completo a la reina. Mientras las llamas consumen su cuerpo, Rhaenyra lanza una última maldición contra su hermano. Así, el dragón devora viva a Rhaenyra, nuestra reina, ante la mirada aterrorizada de Aegon el Joven, obligado por los soldados a contemplar la muerte de su madre sin poder hacer absolutamente nada.
Aegon se siente vencedor y más vivo que en meses. Pero Sunfyre, por el contrario, sigue más muerto que vivo.
Solo unas semanas después, el dragón acaba muriendo en el mismo patio de Rocadragón que vio el fin de la reina legítima, Rhaenyra. Las heridas sufridas durante la batalla contra Danzarina Lunar terminan infectándose y su cuerpo ya no puede resistir más. Según narran las crónicas, Aegon lloró profundamente la muerte de Fuegosolar, el único ser por el que sintió un afecto sincero—todo el afecto que alguien como él era capaz de sentir.
En cierta medida, la muerte de Sunfyre fue el precio que Aegon pagó para recuperar el Trono de Hierro. Aunque no pudo disfrutar demasiado de su agridulce victoria.
Sin dragón, incapacitado físicamente y rodeado de enemigos que avanzan hacia Desembarco del Rey desde el Norte, Aegon se vuelve a sentar en el Trono de Hierro lleno de problemas y sin ganas de rendirse. Antes de que pueda consolidar su posición, es envenenado por sus propios consejeros—entre los que figura Larys—y muere.
Por lo que, al final, ninguno de los dos hermanos consigue quedarse con la corona. La guerra acaba arrebatándoselo todo a ambos porque, en la Danza de los Dragones, incluso quienes ganan acaban pagando un precio imposible de asumir. Es el hijo de Rhaenyra, Aegon el Joven, el que termina ascendiendo al Trono de Hierro como Aegon III, poniendo punto y final a la Danza.











