
Las 5 escenas de ‘Toy Story’ que te romperán el corazón, en ranking
Toy Story 5 (2026) está al caer y nuestro cuerpo está listo, que dicen por ahí. Esta vez, Buzz, Woody y Jessie se reunirán para combatir las veleidades de la tecnología, con una villana que puede ser la más problemática de la franquicia, pero sabemos qué encontraremos al sentarnos en una sala de cine, además del fresco del aire acondicionado.
¿Qué esperamos de Toy Story 5, si atendemos a la receta Pixar? Un corto divertido a modo de cold open, una enseñanza sobre el valor de la comunidad (y de la independencia), varias escenas de persecución a pequeña escala y –ahí apuntamos– una escena de flashback la mar de emotiva. Porque, mucho más allá de Up: Una aventura de altura (2009), Pixar no puede contenerse las ganas de hacer llorar a todo el mundo, especialmente al público adulto: mira el final de BingBong en Del revés (Inside Out) (2015) o el tramo inicial de Hoppers: Operación castor (2026).
Así que hoy repasamos cuáles han sido los momentos arranca-lágrimas de la franquicia de los juguetes, ordenados en un top relativamente movible. Saquen clínex y lean bien, porque he elegido cinco no tan evidentes.
La primera Toy Story (1995) es una lección en metafísica existencial. Al llegar a casa de Andy, el reluciente Buzz Lightyear pasa gran parte de la historia creyendo que es un verdadero Guardián Espacial. Hasta que descubre que, de hecho, es un pequeño juguete producido a gran escala, otro de tantos. Como tú, o como yo, somos seres insignificantes en un planeta insignificante dentro de un universo incognoscible. Y no, no importamos nada.
Cómo no va a experimentar una aplastante crisis de identidad, Buzz, que lo lleva a intentar salir volando por la ventana, solo para caer y romperse su brazo de plástico. Claro que, sin este derrumbe inicial, ninguna de sus metamorfosis posteriores –de flamenquillo irrisorio a compañero fiable– se vivirían con tanta intensidad.
Olvida el flashback vergonzoso de Jessie canturreando sensiblona. A mí lo que me impactó de Toy Story 2: los juguetes vuelven a la carga (1999) fue conocer a Wheezy, un pingüino de juguete que ha sido olvidado en un estante polvoriento porque su pequeño silbato de plástico está roto. Un “pongo” desechado. Auch.
Cuando Woody descubre que Wheezy está a punto de ser vendido, lo arriesga todo para salvarlo, jugándose su propio trasero (de plástico). La inquebrantable lealtad de Woody hacia sus amigos se muestra plenamente aquí, y es un recordatorio bastante conmovedor de hasta dónde llegará por aquellos a los que quiere. Te falte una pierna, un silbato o la chaveta, ¡ningún juguete se queda atrás!
Muches clasificaríais el final de la carrera de la tropa en Toy Story 3 (2010) como el momento más emotivo de la saga, pero yo discrepo. Simplemente, porque no está bien escrito. Fijaos en que todo lo que sucede es predecible (“oh, ¡la salida no resultó ser tan fácil!”) o aleatorio (el rescate de los aliens de peluche es puro deus ex machina).
Pero sí es uno de los momentos más intensos de toda la saga. Cuando los juguetes dejan de luchar ante la incineradora y se toman de las manos, aceptando su destino, la escena que del gesto resulta es a la vez aterradora y hermosa, capturando la esencia del sacrificio y la unidad frente a una muerte segura (o no tanto). Había que hacer una cuarta película…
Momentazo Johnny Guitar (1954) en medio de la penúltima película de la saga. En Toy Story 4 (2019), conocemos a un Woody sensible, más persona que caricatura. La penúltima película, mucho más interesante de lo que algunes han querido reconocer, pone al vaquero que siempre fue leal a Andy y, más tarde, a Bonnie, ante un verdadero dilema: quedarse con el amor de su vida y atreverse a mirar al vacío, o bien anclarse a la familia de juguetes que desde siempre ha jurado proteger.
Autodescubrirse, abrazarse, porque a veces está bien elegir tu propia felicidad por encima de la abnegación y el compromiso. Nido vacío: Toy Story pasó desde aquel momento de mirar a la experiencia infantil a hablar simple y llanamente de lo que significa ser padre, madre o adre, en general.

















