
¿Los vampiros “vuelven” a estar de moda? 8 series anteriores que demuestran su inmortalidad
Hay quien pensará que la nueva serie de comedia sobre vampiros de la CBS, Eternally Yours, representa la vuelta de un monstruo que tuvo su momento años atrás. Olvidan que la precede Lo que hacemos en las sombras (2019), que vino después de Casi humanos (2011), que lo heredaba todo de La familia Monster, hoy (1988), que venía de… Me explico, ¿verdad?
Si la ilimitada capacidad del terror para rehacerse, reinventarse y generar derivados nos enseña algo, es que nuestras pesadillas nunca cambian realmente. Desde la terrorífica Nosferatu de F. W. Murnau (1922) hasta la purpurina de Crepúsculo (2008) y Entrevista con el vampiro (1994), hemos visto colmillos bien afilados en todas las pantallas. Y sí, también desde que naciera la ficción televisiva hemos tenido a inmortales en ella. De hecho, las sagas de vampiros han encontrado posiblemente más permutaciones creativas en televisión que en el cine. Incluso Drácula (2020) supera con creces películas anticuadas como la homónima Drácula (2025).
Hoy lo comprobamos con un repaso exhaustivo de las mejores series de vampiros de la historia de la pequeña pantalla, que ordenamos por fecha para que veas que no, los vampiros no son una moda pasajera.
Es sencillamente imposible juzgar esta telenovela gótica de finales de los años 60 con estándares modernos. No solo pertenece a una época cultural totalmente distinta, sino que opera bajo un modelo televisivo completamente diferente. A lo largo de cinco años, se produjeron 1.225 episodios de media hora. Casi como La dimensión desconocida (1959), pero con vampiros.
Aunque es prácticamente imposible ponerse al día, Sombras en la oscuridad (1966) sigue siendo una serie fundamental, anclada por una actuación legendaria de Jonathan Frid como el retro-temible Barnabas Collins. Muchos han intentado recuperar la magia del personaje y de la serie, pero ninguno lo ha conseguido: el concepto del héroe/vampiro romántico, melancólico y enamorado en pantalla nació aquí y, por ello, merece un gran reconocimiento.
La historia de vampiros más popular de Stephen King ha sido adaptada en miniserie dos veces. Tobe Hooper dirigió la versión de El misterio de Salem's Lot (1979) una experiencia de 3 horas y media que, aunque algo anticuada, gana terreno aunque solo sea porque David Soul es un gran Ben Mears y los efectos prácticos del genio detrás de La matanza de Texas (1974) son insuperables.
Sin embargo, nada desdeñable es la intentona que hizo el director de fotografía danés Mikael Salomon con el remake de El misterio de Salem's Lot (2004), que tiene mejor ritmo y está protagonizado por Rob Lowe. Por desgracia, sus sustos, menos etéreos, palidecen en comparación (¡simplemente no se puede superar esa escena de la ventana!).
El señor de las tinieblas (1992) recibió abucheos por todas partes, pero no se puede negar que es el tatarabuelo de los procedimentales de “vampiro resuelve crímenes” que luego sería Ángel (1999), y quizá el estándar de oro de la era pre-Blade: Cazador de vampiros (1998). Si buscas spoilers en internet, descubrirás que la serie presentaba giros realmente increíbles.
Y si finalmente la ves, comprobarás que tenía una energía afilada y grandes diálogos, además de una química palpable entre sus protagonistas, Geraint Wyn Davies y Catherine Disher. Además, tiene una secuencia de créditos iniciales realmente impresionante. Me encantan esas elecciones tipográficas.
Durante décadas, Buffy, Vampirehunter (1997) cambió nuestras vidas con una perfección imperecedera (guiño, guiño). Uno de los dramas televisivos más originales, con un sentido del humor mordaz, Buffy es una rara favorita tanto de la crítica como del público. Que sí, la serie no carece de defectos, incluidas algunas temporadas irregulares. Pero, vaya si asumía riesgos con su narrativa y, más importante aún, junto con Xena, la princesa guerrera (1995), consolidó el listón de cómo una serie sobrenatural puede conectar profundamente con lo que significa ser humano.
Hay tantos episodios inolvidables y momentos sobrecogedores en esta serie, tantos personajes que aún viven en nuestros corazones. Hace años que terminó, pero esta sí es verdaderamente inmortal (guiñ–).
La primera vez que vimos morir a un vampiro en True Blood (Sangre fresca) (2008), supimos lo risible y profundamente serio que iba a ser esta saga ambientada en el Sur de los Estados Unidos, si me pones, la Yellowstone (2018) pero con colmillos. Y hablemos de esa secuencia de apertura, con unos inquietantes time-lapses, sigue siendo una auténtica joya.
Las temporadas posteriores de True Blood definitivamente flaquearon, especialmente después de que su creador Alan Ball abandonara la serie, pero de todas las de esta lista, ninguna abordó de forma más explícita y directa el tema de cómo el vampirismo, como tropo, está conectado con la sexualidad humana. Ni cito Crónicas vampíricas (2009). Cuando True Blood estaba en su máximo desquicie, era un auténtico espectáculo.
Esta historia de un brote vampírico que lleva primero a la ciudad de Nueva York, y luego al mundo, al borde del apocalipsis se asemeja más a una historia de zombis que a una de vampiros. Y al igual que The Walking Dead (2010), la serie creada por Guillermo del Toro y Chuck Hogan resulta más cautivadora cuando se centra en el colapso de la sociedad y sus efectos en los personajes principales.
También presenta vampiros realmente aterradores… Aunque bueno, más o menos vampíricos. Porque The Strain (2014) reinventa a los vampiros como monstruos parasitarios infectados por gusanos, aportando una mitología fresca al género. Artesanía terrorífica de la buena, marca de Del Toro.
¿Hemos desterrado ya nuestro odio a las adaptaciones de videojuegos para la televisión? Sigamos. Castlevania (2017) de Warren Ellis, un anime que rescata el universo sexy y sensible de Drácula, resulta igual de impresionante como lo es de desgarradora. Porque sí, nadie como los japoneses para replicar el espíritu bisexual, aterciopelado y triste del Drácula de Bram Stoker (1992).
Es cierto que la serie tarda un poco en encontrar su ritmo, pero esperad a la oscura y bellísima Castlevania brilla en las temporadas 3 y 4, cuando su estética gótica alcanza cotas magníficas y su profunda mitología sustenta un melodrama de destrucción épico y con un final es-pec-dra-cu-lar.
Jemaine Clement y Taika Waititi liberaron su genio cómico al adaptar a serie el falso documental homónimo, Lo que hacemos en las sombras (2014). Esta joya indie sigue a un grupo de compañeros de piso que equilibran sus necesidades sanguinarias con conflictos típicos de compartir cuatro paredes. No olvidaremos la mítica frase de “los vampiros no lavan los platos”.
Lo que hacemos en las sombras (2019) se gana el título de televisión vampírica de excelencia eterna, porque combina a la perfección las fórmulas de la sitcom con la absurdidad de los clichés vampíricos sin dejar que nuestro corazón no-muerto se ría nunca de sus entrañables protagonistas.





























