
Las 10 mejores series policiacas de la historia, ordenadas
Hay géneros televisivos que se desgastan con el uso y hay géneros que, sometidos a la presión creativa adecuada, se reinventan hasta volverse irreconocibles. La ficción policiaca pertenece a la segunda categoría.
El mundo del crimen ha sido el motor narrativo que ha producido algunas de las obras más ambiciosas de la historia de la televisión. diez series que han hecho algo importante con el género, ordenadas según su huella en la memoria colectiva y su valor intrínseco como obras de ficción.
La versión americana de The Killing llegó a AMC en 2011 construida sobre los cimientos de la serie danesa Forbrydelsen, y durante su primera temporada estuvo a la altura de su modelo. Mireille Enos como la detective Sarah Linden —contenida, obstinada e incapaz de separar el trabajo de todo lo demás— ofreció una de las actuaciones más comprometidas del drama policiaco americano de aquella época. Joel Kinnaman como su compañero Holder completó una de las duplas más creíbles del género.
La lluvia permanente de Seattle como escenario no era un detalle menor: supuso una declaración de intenciones sobre el tono de todo lo que iba a venir. El problema de The Killing es que sus temporadas posteriores nunca estuvieron a la misma altura, lo que la convierte en una serie de primera temporada extraordinaria con un desarrollo irregular.
Sally Wainwright escribió Happy Valley como si el género policiaco fuera una excusa para hablar de otra cosa: de la maternidad como carga, del trauma como herencia, de la dignidad como elección cotidiana. Sarah Lancashire interpreta a Catherine Cawood, sargento de policía en un valle de Yorkshire que lleva el peso de la muerte de su hija y la existencia de su nieto con una compostura que se rompe en los momentos más inesperados.
James Norton como Tommy Lee Royce —el hombre que violó a su hija— es uno de los antagonistas más perturbadores de la televisión británica reciente. La BBC produjo tres temporadas entre 2014 y 2023, y la final fue un evento televisivo de primera magnitud en el Reino Unido. Lancashire ganó el BAFTA a mejor actriz por su trabajo en la serie.
Doce temporadas, 264 episodios y un personaje que se convirtió en icónico dentro del género: Angela Lansbury como Jessica Fletcher en Se ha escrito un crimen es uno de los fenómenos de longevidad más extraordinarios de la historia de la televisión americana. La CBS emitió la serie entre 1984 y 1996, y durante buena parte de ese tiempo fue una de las ficciones más vistas del país.
Lansbury recibió doce nominaciones consecutivas al Emmy como mejor actriz dramática —una por temporada, ningún premio— y cuatro Globos de Oro. Comparada con el Poirot de David Suchet o con la modernidad acelerada de Monk, Se ha escrito un crimen parece deliberadamente anticuada, pero esa es su fortaleza: eligió sus reglas —un crimen, una investigadora aficionada, una solución— y las cumplió durante doce años con una eficiencia narrativa que muchas series posteriores han intentado imitar sin conseguirlo del todo.
La BBC Two y RTÉ One produjeron La caza como uno de esos ejercicios de tensión sostenida que el drama policiaco británico domina como ninguna otra tradición televisiva. Allan Cubitt escribió una serie sobre la caza de un asesino en serie en Belfast que en realidad es, sobre todo, una serie sobre dos personajes: la DSI Stella Gibson, interpretada por Gillian Anderson con una frialdad calculada que trasciende por completo su trabajo como Dana Scully, y Paul Spector, el asesino interpretado por Jamie Dornan con una ambigüedad inquietante.
La caza es más contenida que Luther, más fría que Broadchurch y más interesada en la psicología que en los giros de trama. Tres temporadas entre 2013 y 2016 que construyeron una de las reflexiones más inteligentes sobre la violencia de género que ha dado el drama policiaco europeo.
Neil Cross escribió Luther como si quisiera demostrar que el detective atormentado podía funcionar en el siglo XXI sin convertirse en una parodia de sí mismo. Idris Elba como John Luther —brillante, impulsivo, incapaz de respetar límites, magnético— es uno de los grandes personajes de la televisión británica de los últimos veinte años. La BBC One produjo cinco temporadas entre 2010 y 2019, y en 2023 Elba repitió el papel en una película de Netflix que amplió el universo de la serie.
Lo que distingue a Luther del procedural convencional es la relación entre Luther y Alice Morgan —Ruth Wilson en uno de los papeles más extraños y mejor escritos del drama policiaco contemporáneo—: una alianza entre detective y criminal que subvierte todos los códigos del género con una elegancia que pocas series han conseguido igualar.
Peter Falk creó a uno de los grandes personajes de la historia de la televisión mediante un mecanismo narrativo que en apariencia iba contra todo lo establecido: el espectador sabe desde el principio quién es el asesino. El teniente Colombo no resuelve misterios: desmonta coartadas.
La NBC emitió la serie original durante siete temporadas, y después llegaron los telefilmes que prolongaron la vida del personaje. Falk ganó cuatro premios Emmy y un Globo de Oro por el papel. Lo que hace grande a Colombo no es la investigación sino el duelo: cada episodio es una partida de ajedrez entre un hombre que parece un despiste y un criminal que lo subestima.
David Fincher produjo Mindhunter para Netflix como una serie sobre los orígenes del perfilado criminal en el FBI, basada en el libro de John Douglas y Mark Olshaker, y el resultado fue una de las obras más meticulosas y perturbadoras de la televisión de los últimos diez años.
Jonathan Groff como Holden Ford y Holt McCallany como Bill Tench componen un dúo que investiga a asesinos en serie en la América de los años setenta con una frialdad documental que hace que Mentes criminales parezca otra cosa completamente diferente. Anna Torv como la psicóloga Wendy Carr añade una tercera perspectiva que equilibra el conjunto.
David Lynch y Mark Frost crearon Twin Peaks en 1990 y partieron en dos la historia de la televisión: hay un antes y un después de la llegada del agente especial Dale Cooper —Kyle MacLachlan— al pueblo de Twin Peaks para investigar el asesinato de Laura Palmer. La ABC emitió la serie, que ganó el Globo de Oro a mejor serie dramática en 1991 y convirtió a MacLachlan en uno de los rostros más reconocibles de la ficción americana.
Twin Peaks no es, en sentido estricto, una serie policíaca: es una obra de arte que usa el crimen como pretexto para explorar la oscuridad debajo de la superficie de la América profunda. En 2017, Showtime produjo una tercera temporada —Twin Peaks: The Return— que amplió el universo original con una radicalidad formal que muy pocos esperaban y que dividió a la crítica y a los fans.
La primera temporada de True Detective es una de las experiencias televisivas más intensas de la última década. Nic Pizzolatto escribió los ocho episodios y Cary Fukunaga los dirigió todos, lo que le otorgó al conjunto una coherencia visual y narrativa poco habitual en la televisión americana.
Matthew McConaughey como Rust Cohle —nihilista, visionario, insoportable, magnético— y Woody Harrelson como Marty Hart construyeron uno de los dúos más complejos del género. McConaughey ganó el Emmy al mejor actor dramático por su trabajo en la serie.
Lo que True Detective hizo por el policiaco fue lo mismo que Twin Peaks había hecho dos décadas antes: demostrar que el crimen podía ser el punto de entrada a territorios filosóficos y emocionales que la ficción televisiva raramente se atrevía a explorar.
Decir que The Wire es la mejor serie de televisión de la historia no es una opinión muy arriesgada: es una posición tan extendida que ya forma parte del consenso crítico internacional. David Simon y Ed Burns crearon para la HBO una obra de arte de cinco temporadas que utiliza el crimen como lente para diseccionar las instituciones de Baltimore: la policía, el narcotráfico, los sindicatos portuarios, el sistema educativo, la prensa.
Dominic West como el detective McNulty es el actor principal, pero The Wire no tiene protagonista: tiene un sistema. La serie no ganó ningún Emmy, algo que la crítica suele señalar como uno de los mayores errores en la historia de los premios televisivos. Su influencia sobre la ficción serial posterior —desde The Deuce hasta Treme, ambas también de Simon— es incalculable.






































