
Las 7 mejores series y películas de Álex García
Hay actores que tardan en revelar su verdadera dimensión y Álex García es uno de ellos: un intérprete que necesitó tiempo para que la industria comprendiera que detrás de esa planta y esa presencia física había algo mucho más interesante que un galán.
Hoy, con una trayectoria que abarca el western, la comedia coral, la adaptación lorquiana y el thriller policial, García es uno de los nombres más solventes de su generación. En esta selección repasamos los siete trabajos que mejor definen lo que es capaz de hacer en televisión.
La popularidad televisiva masiva le llegó a Álex García con Tierra de Lobos, el western de época que Telecinco emitió entre 2010 y 2014, con 42 episodios repartidos en tres temporadas. García encarna a César Bravo, el mayor de dos hermanos forajidos que regresan a la Extremadura de 1875 dispuestos a dejar atrás una vida de crímenes, solo para toparse con el cacique Antonio Lobo (Juan Fernández), que controla el pueblo con mano de hierro.
El mérito de García en esta serie no es menor: sostener durante años una ficción de entretenimiento popular exige una consistencia que muchos actores de su generación no habrían logrado. César Bravo es el hombre que quiere redimirse pero que el destino y la violencia acaban arrastrando de vuelta, y el actor construye esa contradicción con oficio, aunque la serie, más cerca del culebrón de acción que de un western revisionista como Deadwood, no le exige explorar registros de gran profundidad.
Cuando Paco León decidió hacer su propio remake de la comedia australiana The Little Death, eligió a Álex García para protagonizar una de las cinco historias cruzadas que articulan Kiki, el amor se hace. García da vida a Alejandro, novio de Natalia (Natalia de Molina), una pareja aparentemente normal cuya vida sentimental se complica cuando ella confiesa haber tenido un orgasmo involuntario durante un atraco.
La película, que superó el millón de espectadores en salas, tiene el mérito de tratar la sexualidad con humor y una ligereza que no roza el descaro. García funciona bien en la comedia —algo que su carrera previa no había explotado del todo— y su química con Natalia de Molina es uno de los puntales de un reparto coral que incluye nombres como Candela Peña, Alexandra Jiménez o Luis Bermejo. Un Álex García inesperado y eficaz.
Si hay un trabajo que certificó que Álex García tenía pasta para un cine exigente, ese es La novia, la adaptación de Bodas de sangre de Federico García Lorca dirigida por Paula Ortiz. García interpreta a Leonardo, el tercer vértice del triángulo que lo une a La Novia (Inma Cuesta) y El Novio (Asier Etxeandía): un hombre casado, incapaz de cortar el hilo invisible y feroz que la ata a ella desde la infancia.
El papel le valió una nominación al Goya como mejor actor revelación, y la película, rodada en paisajes aragoneses y en la Capadocia turca, cosechó doce nominaciones a los Goya e importantes premios en los Feroz, incluyendo mejor película y mejor directora. Lo que hace García aquí no es fácil: su personaje funciona casi como fuerza de la naturaleza, como presencia más que como discurso, y él lo resuelve con una sensualidad contenida que Ortiz misma ha descrito como hipnótica. El mayor reto de la película era el equilibrio entre los tres protagonistas.
La incursión de Álex García en la gran producción de época de Antena 3 y Bambú Producciones —la misma casa responsable de Velvet y Gran Hotel— le dio el papel de Fidel Calderón, capitán médico destinado en el hospital militar de Melilla durante la Guerra del Rif de 1921. Un personaje que combina el profesionalismo quirúrgico, las ideas progresistas sobre la medicina militar y un triángulo sentimental que se complica cuando aparece Julia (Amaia Salamanca).
Tiempos de guerra apostó por un drama bélico y coral centrado en el grupo de enfermeras y mujeres de la alta sociedad que acompañaron a los soldados en el frente africano, un ángulo que se aleja del heroísmo clásico para centrarse en el cuidado y la supervivencia. García encaja bien en el perfil de galán inteligente que ha de hacer de eje racional en una trama donde las emociones amenazan con desbordar todo.
La miniserie de Movistar+ dirigida por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña es, probablemente, el trabajo más importante de la carrera de Álex García hasta la fecha. En Antidisturbios, García interpreta a Álex, uno de los seis miembros del equipo de policías antidisturbios "Puma 93" que ejecutan un desahucio en Lavapiés que termina con la muerte de un hombre y desencadena una investigación de Asuntos Internos.
Su personaje —el "sobrinísimo", el que lleva el trabajo gracias en parte a los contactos de su tío policía, con su hipoteca a cuestas como todos los demás— es uno de los más grises de la serie, lo que en manos de un actor menor podría resultar en mero relleno. García lo convierte en algo más: un hombre atrapado en un sistema que lo supera, cuya complicidad con la corrupción nace de la cobardía y la deuda, no del cinismo. Los seis episodios le valieron nominaciones en los Premios Feroz y los Forqué.
Dos años después de Antidisturbios, Álex García volvió a Movistar+ para protagonizar en solitario El inmortal, una ficción criminal inspirada en la historia real de Juan Carlos Peña Erano, cabecilla de Los Miami, la banda que controló el tráfico de cocaína y las discotecas de Madrid en los años noventa. García encarna a José Antonio, el alter ego ficticio del personaje, y lo hace desde abajo: el chaval de clase media con ambición desmedida que asciende por la fuerza y la falta de escrúpulos hasta convertirse en uno de los hombres más temidos y buscados de la época.
El actor lidia con una pierna ortopédica que su personaje arrastra como secuela de un atentado —uno de los siete intentos de asesinato que sobrevivió el referente real— y esa limitación física se convierte en una herramienta expresiva interesante. El inmortal no alcanza la densidad moral de Gomorra, con la que inevitablemente se la compara, pero García aguanta el peso de ser el centro indiscutible de una producción de muchos capítulos con solvencia notable.
El thriller de debut de Juan Galiñanes reúne a Álex García con Luis Tosar en una premisa de reloj en cuenta regresiva que transcurre en apenas doce horas. García da vida a Pablo Neira, francotirador del GEO al que la comisaria Costa (Elena Anaya) presiona para intervenir en un atraco a una casa de apuestas, mientras su hijo está en el hospital con la vida pendiente de un hilo.
El dilema entre el deber y la paternidad es el motor del personaje, y García lo resuelve con una contención muy efectiva: sin aspavientos, sin monólogos, con la tensión acumulada en el cuerpo. Que la película funcione se debe mucho a que García y Tosar —cuyo personaje, el ludópata Sergio, es el otro eje de la historia— construyen dos presencias complementarias sin compartir demasiadas escenas. Fatum es cine de género español eficaz, rodado en Galicia, que no reinventa ninguna fórmula pero la ejecuta bien.
































