
‘El amor en el espectro autista’ y otros 7 realities sanos para ver si te harta tanto drama
Llego a casa y lo último que me apetece es ver al enésimo pseudo-Montoya de turno discutirse con la pareja, o llorando porque acaban de descalificarlo sin piedad. ¿Tensión? No, gracias. Dame un poco de bondad humana.
Con el estreno de la cuarta temporada de El amor en el espectro autista (2022), que es wholesome no porque las personas autistas no dispongan de agencia sino porque predica con el amor ante todo, tenemos la excusa perfecta para sumergirnos en el universo de los realities más sanos, aquellos que celebran la autenticidad, la creatividad y la empatía.
Hoy os recomiendo unos cuantos, desde los fogones pasteleros de la dulzona Bake Off Reino Unido (2010) hasta las reinas de Queer Eye (2018). Descubramos contenidos que te harán sentir bien, episodio tras episodio, aquí ordenadas de menos a más cute.
El amor en el espectro autista (2022) sigue a personas en el espectro autista mientras navegan el complicado mundo de las citas y las relaciones. Con un tono amable, divertido y entrañable, el programa muestra la autenticidad y vulnerabilidad de sus participantes, mientras explora la conexión y también los desafíos que enfrentan en sus vidas románticas.
Sin embargo, nada tiene que ver con la crueldad low key de First Dates España (2016): aquí cada episodio celebra la diversidad, la autoaceptación y la importancia de las relaciones humanas genuinas, priorizando la esperanza y la ternura –y esto es especialmente importante– construyendo un relato del autismo sin duda aspiracional.
Next in Fashion (2020) corrige muchos de los errores de otros realities de moda, incluso de RuPaul: Reinas del drag (2009). Conducido por Tan France y Gigi Hadid, muestra la evolución de la moda y cómo diseñadores emergentes compiten para ganar a la competencia, pero no destrozando a sus rivales, sino aspirando a la creatividad genuina.
Similar en fondo y forma a Pasarela a la fama (2004), el programa combina creatividad, estrategia y pasión por el diseño, ofreciendo un vistazo a las tendencias y desafíos de la industria de la moda mientras los concursantes buscan destacar y redefinir su estilo. Para aprender que sí, antes feas (y auténticas) que sencillas.
Ahora piensa en el formato de Bake Off Reino Unido (2010), pero para floristas: eso es La gran batalla floral (2020), donde los participantes crean impresionantes esculturas de jardín. Conducido por Natasia Demetriou y Vic Reeves, el show se lanzó durante la pandemia y se centra en floristas compitiendo por el título de “Best in Bloom”.
Aunque solo presenta creaciones botánicas, es un programa relajante y adictivo, perfecto para maratonear si buscas insuflar aire fresco, oxígeno a tu mirada. Como pregona el clásico de Julia Roberts, nada mejor hay para recomponer nuestro alma que comer, rezar y dedicarse a la jardinería.
La mejor estrategia para distraerte de los reels de gastronomía, ya sean de dietas guarras o sanas en exceso. Presentado por David Chang, Ugly Delicious (2018) explora un tipo de comida diferente en cada episodio (hay desde pizza y tacos hasta arroz frito o pollo frito) y analiza la cultura e historia detrás de cada platillo.
Mezcla viajes y gastronomía, combinando educación y deleite culinario, profundizando en historias y políticas detrás de los alimentos que muchos desconocen. Con espíritu heredero de Chef's Table (2015), nos invita a aprender mientras se despierta el apetito, mostrando cómo la comida refleja identidad, tradición y creatividad en todo el mundo. Ideal para tiempos glocalizados.
Spin-off del reality de Bravo Queer Eye for the Straight Guy (2004), la Queer Eye (2018) de Netflix sigue a los Fab Five (Jonathan van Ness, Antoni Porowski, Karamo Brown, Bobby Berk y Tan France) mientras ayudan a distintos “héroes” a transformar no solo su apariencia sino también su forma de ver la vida. Básicamente, mientras hacen lo que cualquier amiga con maña para ayudarte a salir del armario.
Conocido por su tono relajante, casi inspiracional, el programa nos recuerda en cada episodio que cuidarse y dedicarse tiempo a une misme –y a las demás– es una forma de resistencia en tiempos de amenaza a la comunidad. Y oye, eso busco yo en un reality wholesome.
¡No apto para corazones partidos! De los creadores de Queer Eye, Dile que sí (2020) celebra el amor en toda su magnitud. Cada episodio reúne a tres expertos (Jeremiah Brent, Thai Nguyen y Gabriele Bertaccini) para ayudar a alguien a sorprender a su pareja con la boda de sus sueños.
Solo tienen poco más de una semana para organizarlo todo, y pese al estrés, cada episodio logra contener momentos de lo más intenso, adorable y sincero del género. Te la prescribo si te emociona la planificación y el ir a último minuto, y si disfrutaste con Cuatro bodas y un destino (2009), aquí siempre enfocándonos a la cara más cálida y esperanzadora del “antes” de cualquier bodorrio. Si no, para qué lo hacemos.
Otro al estilo de Bake Off Reino Unido es Nailed It! (2018) enfrenta a reposteros inexpertos en la creación de postres elaborados, pero a diferencia de competiciones como MasterChef España (2013), que se ensañan y sacan punta del fracaso, sus presentadores (Nicole Byer y Jacques Torres) y los participantes colaboran para sacar lo mejor de cada cual.
Inspirado en memes de fallos de repostería de internet, el programa combina el reírse un poco de uno mismo. Menos presión, más humor, porque el azúcar nunca debería doler y si los concursantes fracasan en lograr resultados bien lucidos… Por lo menos, habrán pasado un rato divertido y delicioso.
Mi favorito, sin duda. ¡Soy mayor! (1991) está considerado uno de los realities más tiernos jamás vistos. El programa, un clásico, sigue a niños pequeños mientras realizan recados a solas. Sí, vale, quizás hoy no dejaríamos a un niño corretear sin supervisión por la calle. Pero viéndola nos queda claro qué tan seguro era Japón en 1991.
Además, los niños están completamente seguros ya que productores y cámaras se camuflan como transeúntes. Quizás lo mejor sea ver cómo criaturas muy pequeñas dudan, se lían y hacen auténticas montañas de logísticas de lo más mundano, pero ello no quita una pizca de belleza o de espíritu a esta versión de telerrealidad de Mei en Mi vecino Totoro (1988).
























