
Las mejores películas de Peter Jackson que no son 'El señor de los anillos', ordenadas
El Festival de Cannes rendirá homenaje a Peter Jackson el 12 de mayo de 2026 por toda su carrera, y con The Hunt for Gollum (2027) ya en el horizonte, toca preguntarse algo que a menudo se le olvida a los fans de las películas de El señor de los anillos (2001-2003) y El Hobbit (2012-2014) ¿qué ha hecho Jackson antes, después y entre sus viajes a la Tierra Media?
La respuesta es bastante más interesante de lo que muchos creen. Desde ser el ídolo del splatter y el gore de guerrilla neozelandés hasta documentales que reescriben la historia del cine, incluso dramas de época con mucho prestigio que descubrieron a grandes estrellas. En este repaso ordenamos las mejores películas del director más épico de su generación, para completar su filmografía más allá de Tolkien, indicando cómo ver todas ellas en plataformas de streaming.
Una niña de 14 años asesinada observa desde el más allá cómo su familia intenta seguir adelante y su asesino escapa a la justicia. Es, sobre el papel, el proyecto más alejado del Jackson habitual, y eso se nota: hay una tensión entre el realismo duro del drama criminal y los cielos CGI oníricos que no siempre funciona. Sin embargo, tiene momentos genuinamente perturbadores, y Stanley Tucci crea uno de los pedófilos más escalofriantes del cine reciente.
The Lovely Bones* (2009) comparte con Criaturas celestiales (1994) la misma obsesión de Jackson por las mentes perturbadas vista desde cerca, aunque aquí el resultado es menos cohesionado, quizá demasiado cercana a su época de visuales digitales. Para quien le interese la novela de Alice Sebold o el true crime de autor con aspiraciones sobrenaturales, no con la sobriedad de Zodiac (2007) de David Fincher, pero sí con más ambición estética.
Un documental de guerra diferente a todo lo visto hasta ese momento. Jackson rescató material de archivo en blanco y negro de la Primera Guerra Mundial y lo restauró, coloreó, y sincronizó con testimonios de veteranos para crear algo que parece imposible: parece que los soldados de las trincheras estén vivos, cercanos, casi presentes en el celuloide. Sin narrador, ni expertos historiadores dando su opinión, solo los protagonistas.
Ellos no envejecerán* (2018) es otra prueba de lo obsesivo que es Jackson con la tecnología al servicio de la emoción, con la misma filosofía que aplicó después a The Beatles: Get Back (2021), su miniserie sobre los Beatles donde restauró las sesiones de ensayo del último concierto con una nitidez que hace que Lennon y McCartney parezcan grabados ayer. Una puerta de entrada para quien no sea fan del género bélico pero sí del cine como acto de recuperación de la memoria, como la emocionante Dawson City: Frozen Time (2017).
La primera obra de Jackson no tenía a magos y caballeros, sino un grupo de alienígenas que llega a un pueblo neozelandés para cosechar humanos como carne para burgers intergalácticas. El director la rodó durante cuatro años los fines de semana con sus amigos, sin presupuesto, haciendo él mismo casi todo: actuar, dirigir, montar, y hasta construir los efectos especiales.
Mal gusto (1987) es una comedia gore con un ingenio artesanal que recuerda directamente a lo que Sam Raimi hacía en los mismos años con sus continuaciones de Posesión infernal (1981): cine de guerrilla total, cero recursos, ideas infinitas y amor por el splatter. Quien llegue aquí esperando al Jackson de El señor de los anillos se va a llevar un susto. Un susto bastante asqueroso y divertidísimo, sobre todo al ver al director atravesando un alien de cabeza al culo.
Un falso documental que convenció a media Nueva Zelanda de que habían descubierto a Colin McKenzie, un pionero del cine local que supuestamente inventó el plano secuencia, la sincronización de sonido, y el cine en color antes que nadie. Se emitió en televisión presentado como real, y todo el mundo se lo creyó, con un escándalo considerable.
La verdadera historia del cine (1995) puede ser la gran rareza de la filmografía de Jackson, más cerca del mockumentary post Culloden (1964) que de cualquier otra cosa de esta lista, aunque prefigura a ese Jackson que pensábamos que había nacido en Ellos no envejecerán, ese entusiasta que manipula el material de archivo para contar historias. Un experimento de humor y falsificación cultural que sigue siendo muy poco conocido fuera de Nueva Zelanda, y que merece más atención de la que ha recibido.
El sueño de la infancia del rey del cine de talla gigante era rehacer el clásico de 1933 a la misma escala de sus anillos: tres horas de aventura, amor imposible, y efectos visuales que en hace 20 años rompían todos los esquemas. El tramo en Skull Island sigue siendo extraordinario: dinosaurios en estampida, insectos gigantes, y criaturas llenas de inventiva que han definido todo lo que ofrece el monsterverse actual, incluida la serie Monarch (2025-).
Jackson no supo decir que no a nada y King Kong (2005) puede tener 20 minutos de más en Nueva York, pero recupera a un maximalista del fantástico en latitudes más cercanas a las de Agárrame esos fantasmas (1996) adentrándose en el cine de aventuras clásico, haciendo un reflejo preciso de King Kong (1933), a modo de declaración de amor y peso sentimental, haciendo que el final sea mucho más desgarrador.
Detrás del telón de un programa de marionetas estilo Los teleñecos (1976-) hay una hipopótama obesa con problemas de autoestima, un conejo adicto a la heroína, una morsa corrupta, o una mosca periodista de cotilleo. Jackson convirtió la inocencia de los títeres en una sátira feroz del showbiz, su hipocresía y las drogas con su gore marca de la casa.
El maravilloso mundo de los Feebles (1989) es más ambiciosa temáticamente que Mal gusto aunque comparten ADN splatter de la misma era. Aquí Jackson ya tiene algo que decir, aunque lo diga con marionetas vomitando. Cualquiera que haya disfrutado de Team America: la policía del mundo (2004) de Trey Parker está en casa, aunque esta es bastante más oscura. Como curiosidad, aquí se creó la casa Weta que hoy es una de las reinas de los efectos especiales en el cine.
Una inspiradísima recreación de la historia de dos adolescentes de Christchurch en los años 50 que construyen una fantasía compartida tan intensa que termina en un crimen real. Jackson adaptó el caso Hulme-Parker—uno de los más famosos de la historia de Nueva Zelanda—con una Kate Winslet deslumbrante en su debut internacional, convirtiendo la película en un análisis descarnado de cómo la imaginación puede ser refugio y trampa al mismo tiempo.
Criaturas celestiales (1994) es la película más diferente madura y controlada de toda la filmografía de Jackson, pero no tan alejada del género como algunos imaginan. Quien haya visto La virgen de los sicarios (2000) o Elephant (2003) de Van Sant encontrará ecos en su forma de aproximarse a la violencia juvenil sin juzgar a sus personajes.
Un detective alcohólico que puede ver fantasmas investiga una mansión encantada en una película que mezcla comedia, acción, y terror de una forma que en 1996 pareció extravagante y hoy parece única en su especie. Michael J. Fox está perfecto en su último gran papel protagonista en el cine, y la dirección de Jackson muestra una energía visual en sus 110 minutos que muchos blockbusters actuales ni se plantean.
Agárrame esos fantasmas es, en muchos sentidos, el puente entre el Jackson gore de los 80 y el Jackson épico de los 2000: tiene el caos creativo de Braindead (1992) pero embotellado en un producto de estudio que parece una versión oscura de Cazafantasmas (1984). Fue sepultada por Twister (1996), pero merece muchísima más atención, especialmente para quienes disfrutaran con Doctor Sueño (2019), cuya premisa no es tan distinta como parece.
La película de zombis más gore de la historia del cine. Y encima de época. Un neozelandés apocado ve cómo su madre se convierte en zombi tras el mordisco de una rata marsupial, y la cosa escala sin fren hasta un clímax final con una cortadora de césped que no se le olvida a quien la ve. Jackson batió récords de litros de sangre artificial usada por minuto y nadie le ha quitado el título desde entonces.
Braindead es la hermana perfecta de Terroríficamente muertos (1987) de Raimi: las dos son la cima del splatstick, dos obras maestras del género, aunque Jackson lleva la comedia física grumosa todavía más lejos. Ver la escala con la que trabajaba para una película gore hace entender de dónde sacó Jackson la capacidad de coordinar el caos visual del abismo de Helm o Gondor, es su número uno sin discusión, un clásico por el que muchos lo considerábamos el rey de un género, hasta que también lo fue de otro más masivo, pero igual de freak.

































