¿Cuánto miedo da ‘Leviticus’? Estas son las vibras de terror que esperar

¿Cuánto miedo da ‘Leviticus’? Estas son las vibras de terror que esperar

Publicado el18 de junio de 2026

Actualizado el18 de junio de 2026

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Naim (Joe Bird) y Ryan (Stacy Clausen) sólo tienen ojos el uno para el otro. Sin embargo, no pasa mucho hasta que los amantes son descubiertos por la pequeña comunidad en la que viven, bajo la tutela bienintencionada de la madre de Naim (Mia Wasikowska). Su romance, abominable, es castrado con violencia por un “curandero espiritual” invitado al redil de la Iglesia. La comunidad los maldice, invocando a una entidad sobrenatural cuyo poder pasa por adoptar la forma de la persona que más desean: el uno al otro.

Hasta el momento, la terapia de conversión se había abordado desde la comedia rosa-chicle de But I'm a Cheerleader (2000) o el realismo duro de películas como La (des)educación de Cameron Post (2018), con Chloë Grace Moretz, o Identidad borrada (2019), con Lucas Hedges. Pero el terror queer apenas se ha atrevido con metaforizar el horror palpable, intrínseco, de una tortura largamente sufrida e invisibilizada… Exceptuando el desastroso slasher de campamento de conversión They/Them (2022). Pero, por favor, puedes ahorrártelo.

El debutante Adrian Chiarella tiene claro que la metáfora será reconocible, sencilla y vaga, pero que funciona. Funciona, como lo lleva haciendo el mejor “terror elevado”, el de premisa sencilla y atmósfera inquietante. Entregarte al amor puede matarte –va a matarte–, pero si el sentimiento es mutuo, sabes que serás la última cara que verán antes de morir, una tragedia cruel que deforma el amor en odio. Al igual que Te sigue (2015), a la que debe mucho, la película se nutre de una tristeza penetrante. Al igual que Backrooms (2026), el vértigo del terror lleva a un delta bañado en ganas de vivir, a pesar de los pesares y contra todo pronóstico. Porque el amor podría realmente destrozarnos, pero ¿y si vale la pena el riesgo?

¿Cuánto miedo da ‘Leviticus’ y de qué tipo?

leviticus

Seguimos en la línea formalista de la escuela de A24. Ya que no tiramos de demonios cornudos, dice Natalia Winkelman en IndieWire que si el film da miedo es por su “atmósfera taciturna, que incluye una banda sonora llena de golpes y estruendos, la convierte en un viaje agradable e inquietante”. Eso es más viejo que el ir a pie –estos días, he podido rescatar Imágenes (1972) de Robert Altman, cuya música de John Williams ya sonaba igual que la mitad de bandas sonoras de Ari Aster–, pero funciona.

A esto se suma el uso del body horror simbólico. En The Guardian, Benjamin Lee destaca que “la terapia de conversión tiene resultados sangrientos”, aunque es en la interpretación de ambos actores, apela Richard Lawson para The Hollywood Reporter, donde se encuentra la semilla de la vibra mala en esta película. Seguimos, por lo tanto, confiando con acierto en que el horror mayúsculo que supone el ostracismo queer basta para contarlo en clave de terror.

Aplaude Lawson: “Tanto Bird como Clausen interpretan esta creciente pesadilla con el dolor y la desesperación adecuados, elevando el tenor emocional de esta triste y a menudo sombría película”. No vas a tener jumpscares imposibles, ni un estruendoso gore, sólo opresión, tan real como la vida misma: “Chiarella está particularmente interesado en los abusos de la terapia de conversión, la cual imagina horriblemente que algo innato puede ser extirpado o, al menos, ignorado por completo. Es una forma de tortura, una cuyos efectos pueden causar daños persistentes y, a veces, fatales”.

Sin embargo, “Leviticus tiene el suficiente gore y momentos de sobresalto para calificar como una película de terror en toda regla. Pero su verdadero miedo es de naturaleza desoladora, a medida que Naim y Ryan empiezan a desconfiar el uno del otro, sin estar seguros de si esa persona necesitada y seductora que ven ante ellos es real o un espectro amenazante que pretende matarlos”. Esa “lúgubre inquietud” es, a ojos de la crítica en general, el mayor acierto de una trágica historia de amor queer en la línea de maldiciones juveniles como Háblame (2023) u Obsesión (2026).

En Bloody Disgusting, Meagan Navarro la define como “un sólido debut con una voz incisiva al mando y una visión tensa, atmosférica y claustrofóbica del amor joven en un mundo lleno de odio”. Como único contrapunto formal respecto a las mecánicas puras del género, Josh Korngut (Dread Central) apunta que, si bien “el subtexto del borrado queer de Leviticus es a la vez urgente y poderoso. Por desgracia, su mecánica de terror es demasiado desordenada y poco original para funcionar”. Vamos, que les fans del terror no veréis nada nuevo, pero que es importante que este film exista.

Two teenage boys must escape a violent entity that takes the form of the person they desire most — each other.
Leviticus - Ritual de sangre no está disponible para streaming.
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Acerca de esta lista

Títulos

1

Duración total

1h 28min

Géneros

Ciencia ficción, Misterio & Suspense, Romance

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