John Waters siempre ha sido un hombre de listas, ahí están sus maravillosos relatos Las 101 cosas que amo y Las 101 cosas que odio. Y su lista con las diez mejores películas del año, en este caso del 2025, ha sido siempre de las más esperadas y comentadas desde que inauguró esta tradición en el año 2000.
En esta ocasión, la española Sirat, de Oliver Laxe, figura entre las agraciadas. El resto te puede sorprender. Como siempre, te decimos en qué plataformas las vas a poder ver, en el caso de que estén disponibles, y si no lo están, te avisamos de cuando lo estén. Sólo tienes que apuntarte.
10. ‘El imperio’, de Bruno Dumont
John Waters siempre ha sido fan de Bruno Dumont, ya es la décima ocasión desde que empezó a publicar sus listas en la que vota una película del francés. En la de 2013 incluso nos regaló un fantástico coup double al incluir Camille Claudel 1915, la primera película de Dumont con una actriz profesional, Juliette Binoche, y la milagrosa Hors Satan. No es de extrañar pues que se haya enamorado de El imperio, un cruce entre Star Wars y un compendio de todas sus películas. Combina los actores no profesionales de sus primeras películas, como L’humanité, con profesionales como la desopilante Léa Seydoux de France, donde encarnaba a una desalmada presentadora de televisión. En esta aparecen por ejemplo Anamaria Vartolomei y Lyna Khoudri, cada una en un bando de los extraterrestres con apariencia humana que se disputan el control de la Tierra. Las naves recuerdan a la catedral de Jeanne; el humor al de la serie El pequeño Quinquin, que marcó el giro cómico de su filmografía, y los paisajes son los del norte de Francia, donde creció y desarrolló el grueso de su filmografía. El imperio es colosal y no podemos estar más felices con su inclusión en esta lista.
9. ‘Mi mamá Jayne’, de Mariska Hargitay
Tampoco es de extrañar que John Waters haya incluido este Mi mamá Jayne, empático documental sobre Jayne Mansfield vista por su propia hija, que tenía tres años cuando la diva falleció en aquel trágico y escabroso accidente de automóvil. Además de ser un fan declarado de “la otra Marilyn” –inolvidable en Una mujer de cuidado–, alguna vez ha argumentado que la Divine de Pink Flamingos estaba inspirada en ella. También habló de su filia Mansfield en el documental Mansfield 66/67. Siempre es un placer escucharle disertar sobre sus particulares gustos como en El misterio del Pink Flamingo. John Waters es un tipo generoso como pocos.
8. ‘Cuando llega el otoño’, de François Ozon
Otro viejo conocido de John Waters: Ozon ha hecho doblete en dos ocasiones en la lista de Waters, en 2012 con Todo ha ido bien / Peter von Kant, y en su primera lista, con Los amantes criminales / Gotas de agua sobre piedras calientes. También votó en su día por Ricky y Swimming Pool. Vamos que es fan total. En este caso, Cuando llega el otoño está entre un Simenon atípico (La viuda Couderc) y un Chabrol tardío (La flor del mal), y presenta muchos paralelismos con Misericordia, de Alain Guiraudie, la siguiente en la lista…
7. ‘Misericordia’, de Alain Guiraudie
Misericordia y Cuando llega el otoño comparten ese ambiente de pequeña ciudad francesa de provincias enturbiada por el crimen, perpetrados por personas aparentemente normales e investigados por atípicos policías, las setas, y un toque homosexual que es más explícito en la de Guiraudie. Las dos plantean nuevos modelos de familia y lazos afectivos inesperados que superan traumas y tabúes, que se pasan por alto en aras de un mutuo entendimiento que no tiene que ver con la consanguinidad. Son películas muy paralelas. Aunque es la primera vez que Waters vota un Guiraudie, cosa bastante rara, ya que El desconocido del lago le pega muchísimo.
6. ‘Room Temperature’, de Dennis Cooper y Zac Farley
Tampoco es de extrañar que Waters sienta debilidad por Dennis Cooper, autor de una novela como Cacheo, y además ya había incluido en su top ten Permanent Green Light (2018) y Little Cattle Towards Glow (2015), las anteriores películas del tándem de Room Temperature. En este nuevo psicodrama, retratan a una familia media americana que, cada año, con la llegada de Halloween, transforman su modesta casa suburbana en una auténtica atracción de feria, cual tren de la bruja. Una película extraña que recuerda al cine de David Lynch, por su mezcla de iconografía americana con un ambiente onírico, y al de Robert Bresson, por la dicción impasible, y como ausente, de sus protagonistas.
5. ‘Sauna’, de Mathias Broe
El mismo John Waters la compara Sauna a Trash, de Paul Morrissey y Andy Warhol, donde Joe Dallesandro se prostituía para obtener su dosis de heroina, aunque recuerda más bien al Weekend, de Andrew Haigh, con vuelta de tuerca: esta vez es un hombre gay el que se enamora de un hombre transgénero. El primero es el que trabaja en una “sauna” de Copenhague limpiando los llamados glory holes. Un romance trans-cis, un género no demasiado transitado.
4. ‘Sirât’, de Oliver Laxe
Está claro que la distribuidora Neon hace bien su trabajo. Ha logrado que John Waters se interese por Sirât, la espectacular película española que, a buen seguro, se colará entre las nominadas al Oscar de Habla no Inglesa, además de arañar alguna nominación más, posiblemente al mejor montaje de sonido y a la banda sonora raver de Kangding Ray.
En realidad son muchas películas en una. La primera parte recuerda poderosamente a la saga Mad Max, una aventura en el desierto a bordo de enormes camiones; la subida a la montaña tiene mucho de Carga maldita; el giro dramático parece digno del Haneke de Caché, y la parte final es un viaje interior que podría emparentarse con el de Apocalypse Now. Mucha suerte en los Oscar.
3. ‘Oslo Trilogy’, de Dag Johan Haugerud
Es curioso como John Waters se desmarca de la quiniela de los Oscar donde cotiza alto Valor sentimental, de Joachim Trier, decantándose por otra película noruega con aroma supuestamente bergmaniano, o más bien por otra trilogía de Oslo –Trier también tiene la suya, compuesta por Reprise; Oslo, 31 de agosto, y La peor persona del mundo–. La de Dag Johan Haugerud está compuesta por las películas Sex, Love y Sueños de Oslo, que mereció el Oso de Oro en la pasada Berlinale. De hecho, Ella Øverbye, protagonista de esta última, es casi una fotocopia de la musa de Trier, aunque aquí se enamora de su profesora de instituto. En Sex, son dos deshonilladores que se hacen confidencias: uno, casado, ha tenido una experiencia homosexual, y el otro tiene vividos sueños con David Bowie, mientras que Love explora toda clase de relaciones que desafían las convenciones. La trilogía de Haugerud es decididamente queer, a diferencia de la de Trier, más existencialista, pero ambas comparten una cierta sensibilidad, diálogos trabajados y la necesidad de reflexionar sobre la naturaleza humana en el mundo contemporáneo.
2. ‘Destino Final: Lazos de sangre’, de Adam B. Stein y Zach Lipovsky
Sorprende este súbito interés por la saga Destino Final y por Destino Final: Lazos de sangre en concreto, que Waters califica de “la mejor secuela para la franquicia cinematográfica más cool que ha habido jamás”. En cualquier caso, este revival slasher supera los recientes de Scream y Sé lo que hicisteis el último verano, que se perdían en misterios sin interés en torno a nuevos asesinos que imitaban a sus predecesores, unos aburridos copycat killers, y apuesta por torturar al espectador anticipando lo que está por venir, esas muertes tan inevitables como imaginativas que hace cosa de un cuarto de siglo empezaron bebiendo de La profecía.
1. ‘Eddington’, de Ari Aster
Y aquí llega Eddington, el polémico número 1 con el que Waters se desmarca esta vez de la tendencia general que da por ganador en los Oscar al Paul Thomas Anderson de Una batalla tras otra. Realmente, estas dos películas son dos caras de la misma moneda. Las dos consiguen hablar de la América de ahora mismo partiendo de premisas aparentemente lejanas: Pynchon para PTA y el Covid para Aster, aunque lo hacen desde perspectivas radicalmente opuestas. Aunque ambos directores, tratan de equilibrar su crítica visión de Estados Unidos repartiendo palos por doquier, queda muy claro, en ambos casos, donde han puesto su corazoncito. Los revolucionarios de Una batalla tras otra pueden ser un desastre –Leonardo di Caprio es un calco de El Nota–, pero está tan claro que PTA los ama como que detesta esos campos concentración para inmigrantes que el cine americano todavía no había tenido el valor de mostrar en la gran pantalla. Aster, por su lado, presenta a un Joaquin Phoenix republicano y más psicópata que el paranoico de Beau tiene miedo, más cerca del sheriff thompsoniano de El demonio bajo la piel, pero su ridiculización del otro bando, riéndose de esos chavales blancos que simpatizan con los afroamericanos, muestra que su corazón está con ese loco que se enfrenta al imaginario ejército antifa, como adelantándose a las disposiciones que la Casa Blanca tomó al respecto. Eddington es deliberadamente ambigua, pero, independientemente de las ideas que hay detrás, se pasa de rosca, y por ahí también es lógico que a Waters le pierda. La locura es su debilidad, sea cual sea.





























































































