
Por qué 'From' es la serie perfecta para los fans de 'Perdidos' (y no solo por Harold Perrineau)
Más de dos décadas después de que Perdidos (2004-2010) revolucionara la televisión y dejara a media audiencia mundial discutiendo teorías en foros hasta las tantas de la madrugada, por fin ha aparecido algo capaz de igualar esa fascinación por los misterios sin resolver, From (2022-).
La conexión no se limita, ni de lejos, al regreso de Harold Perrineau como protagonista de otra historia sobre gente atrapada en un sitio que desafía toda lógica. También detrás de las cámaras hay dos nombres que ya conocen bien este terreno, y que esta vez aseguran tener el mapa completo antes de ponerse a caminar. Repasamos, punto por punto, por qué From es la cita obligada para cualquiera que todavía eche de menos aquella isla.
Los mismos arquitectos, la lección ya aprendida

Jack Bender y Jeff Pinkner no son nombres nuevos para nadie que se sepa de memoria los seis años de Perdidos. Bender dirigió episodios tan emblemáticos como ‘Walkabout’ o ‘La constante’ —aquel de Desmond que hacía llorar hasta al más machote—, y Pinkner formó parte del equipo de guion durante buena parte de la serie, además de curtirse después en otro monstruo de la mitología televisiva como Fringe (2008-2013). En From, ambos ejercen como productores ejecutivos —Bender también dirige varios episodios clave—, y no han sido precisamente discretos a la hora de admitir que esto es, en cierto modo, su intento de redención.
Han contado en varias entrevistas que esta vez tienen clarísimo el final desde el minuto uno, algo que Perdidos —por brillante que fuera— nunca llegó a tener del todo asegurado; el propio Bender ha llegado a bromear con que, en la isla, no siempre sabían "si la historia les decía a ellos qué hacer, o al revés". Esa diferencia se nota, y cada temporada de From parece un capítulo cerrado dentro de una novela más larga, con sus propias preguntas y propias respuestas, evitando el efecto bola de nieve de misterios acumulados sin rumbo que tanto se le achacó a su predecesora.
No es casualidad, tampoco, que los propios creadores insistan en que los personajes preguntan exactamente lo que el espectador estaría preguntando en su lugar —je, algo que en Perdidos costó temporadas conseguir del todo, empezando por aquel oso polar en una isla tropical que nadie parecía cuestionarse—. El resultado es una sensación de control que Lost solo alcanzó a ratos, una reescritura consciente y menos improvisada de aquella fórmula, aunque sin perder ni un ápice de la ambición narrativa que la hizo legendaria.
Extraños atrapados, comunidad forzosa y reglas que no se explican
Más allá de los nombres en los créditos, el ADN narrativo es casi calcado. Un grupo de desconocidos —sin nada en común más que la mala suerte— queda atrapado en un lugar del que resulta imposible escapar, y su supervivencia depende, básicamente, de que consigan levantar algo parecido a una comunidad funcional entre gente que jamás se habría elegido como amigos o familia. Personas completamente normales —un profesor jubilado, una enfermera, una familia cualquiera de vacaciones— que se ven empujadas a asumir roles de liderazgo para los que nunca se prepararon, exactamente igual que le pasó a Jack Shephard subido a una roca dando órdenes el primer día en la playa.
El lugar, además, se rige por reglas sobrenaturales que solo se van revelando con cuentagotas —ya sea el humo negro y las escotillas de la isla, o los talismanes y las criaturas nocturnas del pueblo de From—, y los antecedentes de cada personaje, su pasado, sus traumas, lo que dejaron atrás, resultan fundamentales para entender el misterio mayor. Los primeros episodios de ambas series esconden pistas que solo cobran sentido temporadas después, un truco de guion que exige paciencia, pero que recompensa con creces a quien vuelve a mirar con lupa.
Los propios responsables de From han llegado a publicar listas oficiales de capítulos antiguos que "hay que revisitar" a la luz de lo que se revela más adelante, algo que cualquier fan de Perdidos reconocerá enseguida como ritual de culto (aunque muchas veces no coincidían ni tenían sentido). Y aunque From lleve la ventaja en coherencia y consistencia, ninguna de las dos historias teme mezclar la mitología más densa con momentos de una intimidad emocional dolorosa: la fe, la esperanza, el destino y el libre albedrío son los núcleos temáticos en cada episodio, aunque From los envuelve en un pellizco de terror que Perdidos jamás se atrevió a explorar tan abiertamente.
Viajes en el tiempo y la eterna batalla entre el bien y el mal

El paralelismo más elegante, para quien sepa buscarlo, está en cómo ambas series tratan el viaje temporal. En From, Julie desarrolla la capacidad de caminar hacia el pasado, pero bajo una norma inquebrantable: la historia no puede reescribirse. En vez de alterar lo ya ocurrido, sus viajes revelan bucles, líneas paralelas y mensajes pendientes de completarse, casi como si un narrador invisible ya hubiera fijado de antemano cada suceso. Suena de alguna forma parecido al desplazamiento temporal que sufre Desmond Hume, cuya conciencia se desprendía de su cuerpo saltando entre 1996 y 2004.
Por eso estaba obligado a aferrarse a una "constante" —un ancla emocional, casi siempre Penny— para no perder la cabeza del todo por el camino. En ambos casos, el viaje en el tiempo no sirve para arreglar el pasado, sino para entender claves del presente. Unos bajo una coartada de lo sobrenatural, la primera con un toque más “ciencia ficción” porque al final, en ambas funciona una misma guerra de fondo, una que va mucho más allá del papel de los protagonistas humanos perdidos en esa especie de purgatorio.
El Niño de Blanco y el Hombre de Amarillo libran en From una pugna que recuerda, bastante más de lo que parece, a la de Jacob y el Hombre de Negro por el control de la isla: el eterno choque entre el destino, representado por la figura más luminosa, y el libre albedrío o la propia oscuridad, encarnados en opuestos en una partida de ajedrez como la de los dioses griegos. Cada respuesta que ambas series conceden abre, sin falta, dos preguntas nuevas —los propios showrunners de From han reconocido resolver apenas un puñado de misterios por temporada, dejando el resto flotando a propósito—, lo cual, para quien disfrutó ese vértigo con Perdidos, tendrá un final más dulce, o si no satisfactorio, al menos si ideado desde un primer momento, y con una fecha de caducidad que no estirará el chicle.














