
De ‘La empleada’ a ‘The Pitt’. ¿Por qué gastamos nuestro tiempo libre viendo historias sobre trabajo?
Se supone que cuando llegamos a casa después del trabajo, usamos la “caja tonta” como tubo de escape a nuestro estrés cotidiano. Bajo esta lógica, se entienden los buenos resultados habituales del thriller rompecabezas, como Clanes (2024), y las grandes épicas musicales, antirrealistas a rabiar, como La vida de Chuck (2025).
Sin embargo, en los últimos años han empezado a liderar nuestros rankings de streaming semanales películas y series sobre historias centradas en el trabajo. Y para más inri, sobre trabajos estresantes: oficios precarios, sistemas colapsados y malos jefes se han convertido en ingredientes de enorme éxito.
¿Pero por qué (narices) querríamos ver, en nuestro tiempo libre, aquello de lo que en teoría buscamos escapar? ¿Quién quiere hacer horas extras desde el confort de su sofá?
El éxito de ‘The Pitt’ o cómo nos enganchan las historias sobre la precariedad laboral
Uno de los ejemplos más claros es The Pitt (2025), drama médico ambientado en un hospital de Pittsburgh. La serie sigue a un equipo de urgencias durante turnos maratonianos, con cada episodio representando una hora real de trabajo. Y ojo con las cifras: su primera temporada promedió unos 10 millones de espectadores por episodio, mientras que la segunda multiplicó por tres esos datos y aumentó su audiencia un 200% en Estados Unidos. En apenas semanas, se situó entre las series más vistas de HBO Max.
En paralelo, otras producciones del mismo ámbito han logrado cifras notables. Antes, la serie hospitalaria Doc (2025) había alcanzado 15,6 millones de espectadores en sus primeros once días, un fenómeno que replicaría en España Respira (2024), que tiene el foco bien puesto, además de en los líos entre médicos, en la escasez de recursos humanos, económicos y materiales. El auge de las series sobre largos turnos hospitalarios ha sido tan evidente que plataformas como Netflix han reaccionado recuperando clásicos como Urgencias (1994).
Pero no nos basta con mirar a la precaria sanidad pública. Recordemos el éxito de La empleada (2025), una película que reconoce el terror genuino en la microgestión de una jefa controladora y explotativa. Casi 400 millones de dólares para una película de presupuesto mediano, un blockbuster mucho más incuestionable que el bello mundo escapista creado por James Cameron en Avatar: Fuego y ceniza (2025). Pero a ver, ¿alguien me explica por qué preferiría pensar unas horas más en sus problemas laborales que irse de viaje por Pandora? Los outies de Separación (2022) están confundidos, y yo también.
Es lunes, pero sigo creyendo en la Humanidad
Mi teoría: nada como quejarse para relativizar nuestros males. Centrada en todo lo que anda mal, y en cómo lo surfeamos, The Pitt utiliza para su propia narrativa las dificultades, el desgaste emocional, la presión sistémica y el agotamiento en general durante la era pospandémica. Todo, para explicar que a pesar de las dificultades, “de esta saldremos mejores”. Este tipo de series, como la estresante rutina de Margaret Qualley en el anterior fenómeno de reproducciones de La asistenta (2021), sirven para reafirmarnos de nuestro valor al enfrentar las dificultades que, en la vida real, reconocemos a diario.
El oso (2022) forma parte del mismo ecosistema: en la serie de Disney+ la cocina se representa como un entorno de estrés, jerarquías rígidas y sacrificio personal, pero sólo a través del estrés y del sufrimiento colectivo puede llegarse a la excelencia gastronómica. ¿Problemático? Sí, es.
En el caso de La empleada, la senda de tormentos cambia de escala, pero no de intensidad. El trabajo doméstico –tradicionalmente en los márgenes y relegado a personajes racializados, siempre de reparto– adquiere protagonismo como un espacio de tensión psicológica, desigualdad de clase y vulnerabilidad. Lo que une a todas estas historias es que el trabajo deja de ser un simple contexto narrativo para convertirse en el núcleo del conflicto y pasaporte para la catarsis.
De hecho, lo impactante del cine de los Safdie es que no garantizan que, después de las infinitas carrerillas urbanas de Diamantes en bruto (2019), nadie vaya a “salir mejor” de ello. Por lo menos Good Time: Viviendo al límite (2017), una odisea a través del mundo subterráneo de Nueva York, era un intento tan desesperado como peligroso por conseguir el dinero de la fianza para poder sacar a su hermano de la cárcel.
Concluyendo, ¿por qué querríamos ver gente estresada en nuestro tiempo libre? Pues para creer que sólo la corona de espinas nos hará merecedores de la grandeza, individual (El oso) o colectiva (The Pitt). Llámalo aspiracionalidad humanista, remanentes de nuestra cultura meritocrática o catolicismo laboral. Nos encanta vernos sufrir, pero salir victoriosos. Ahora, levanta ese culo del sofá y vete a reivindicar una mejora efectiva de tus derechos laborales.
































