
Cate Blanchett elige las películas más importantes de su carrera
Cate Blanchett tiene todas las puertas abiertas. Después de reinar en Elizabeth (1998), de electrificarnos como Bob Dylan en I’m Not There (2007) y de ser la única Galadriel imaginable en El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001), ¿cómo no va a tener todos los síes del planeta? Incluso las decisiones más cuestionables de su carrera, como Borderlands: El destino del universo está en juego (2024), han sido “síes” libérrimos.
Sin embargo, nunca fue todo tan fácil para esta nominada a siete Oscars y ganadora de dos de ellos. “Hay muchos actores de un talento tremendo que no trabajan tanto como merecen”, ha reconocido en una clase magistral lúcida en el Festival de Cannes. Actuar tiene mucho que ver con los estándares de belleza: “Al graduarme, tenía un aspecto raro y nadie sabía qué hacer conmigo. Ni yo misma lo sabía. Así que era la que leía la réplica de los que hacían pruebas para papeles, estaba en la sala como un objeto y oía a los directores hablar antes y después de las pruebas”.
Ojo al dato, en esas conversaciones cazadas al vuelo Blanchett se dio cuenta de que “muchas de sus decisiones no eran personales, ya estaban tomadas antes de hacer las prueba”. Si os suena al this is the girl de la Mulholland Drive (2001) de David Lynch, será que el mundo del cine estadounidense es verdaderamente terrorífico.
Cate Blanchett y el método actoral que no funcionó
Terrorífico, con un punto absurdo. Porque al darse cuenta de que en tantos castings lo que primaba era el físico, la joven Cate Blanchett tuvo una idea de bombero que le costó nueve meses de “noes” instantáneos: “Cuando salí de la escuela de arte dramático, vi la foto de una fotógrafa que interpretaba en una obra a Felice, la prometida de Kafka. En la imagen, ella salía mostrando unos dientes bastante grandes, y a mí se me ocurrió que sería una buena idea empezar a sonreír exactamente igual”.
Ilustra la anécdota con una sonrisa amplísima, mientras saca la parte superior de la dentadura para que sea completamente visible. A pesar del carisma inherente, queda claro que se trata de una mueca. “¿El resultado? Pasé nueve meses sin trabajar. Mi agente tuvo que plantarse y decirme: ‘Mira, esa no es tu forma real de sonreír’. Lo injusto es que podría haberlo sido… Hay innumerables actores que hacen de la hipérbole feísta su estilo.
Nicolas Cage es el rey del “chamanismo cinematográfico”, en sus palabras. En clásicos como Cara a cara (1997), Cage canaliza la emoción a través de ojos desorbitados, gritos histriónicos y movimientos espasmódicos. O Al Pacino, cuyos personajes en los noventa se caracterizan por las explosiones vocales impredecibles y las miradas desmesuradas. Y El precio del poder (1983) sigue siendo considerada una joya cinéfila. Entonces, ¿por qué la sonrisa de Cate Blanchett no fue considerada una marca de estilo, si no un defecto? La pregunta es retórica.
Los nueve meses de paro más útiles
Cate Blanchett no dejó de intentarlo, a pesar de la sonrisa. “Trabajar con una directora de casting cuando estaba en paro fue una auténtica revelación. En ese entonces, yo no me veía como una ‘actriz de cine’; pensaba que era solo una actriz de teatro tosca, de las que van dando tumbos por el escenario (lo cual está bien, cada uno a lo suyo)”. De entrada, reconoce la doble oscarizada por Blue Jasmine (2013) y El aviador (2004), lo del cine era otra cosa, y pedía un registro diferente.
Pero la revelación vino del entorno en que trabajaban. Esta directora de casting “me pedía que le diese la réplica a los actores que iban a audicionar con ella. Fue la mejor escuela de mi vida, porque ahí me di cuenta de una gran verdad: la gente no siempre consigue los papeles por su talento”. Suena fácil, quizás porque Cate Blanchett consigue que incluso la emoción más compleja parezca sencilla y aun así mantener el misterio en hitos como Carol (2015).
“Muchas veces, la decisión [de un director] depende de cosas que no puedes cambiar, como el tamaño de tu nariz, detalles superficiales o el simple hecho de que ya contrataron a alguien que se parece a ti”. Sin embargo, “justo por eso creo que debemos ir con la cabeza alta. Hay que pisar fuerte. No podemos quedarnos sentados esperando a que el trabajo llegue; a veces tenemos que crearlo nosotros mismos”.












