
De Rocky a E.T: los aliens más queribles del cine de ciencia ficción
Parece que todo el mundo está hablando de Project Hail Mary. Mires donde mires, ahí está Ryan Gosling con traje espacial hablando de su nuevo proyecto. Y lo curioso es que la película todavía ni se ha estrenado y ya hay algo, o mejor dicho alguien, que se ha robado toda la conversación: Rocky.
Y no, no estamos llamando cariñosamente así a Dwayne Johnson.
Si no has leído la novela de Andy Weir en la que se basa Proyecto Salvación (así se tituló en España), Rocky es uno de sus grandes protagonistas: un alien de casi 300 años, con un talento increíble para la ingeniería y un sentido del humor sorprendentemente humano. Es de esos personajes que te ganan poco a poco… hasta que te das cuenta de que la película simplemente no existiría sin él, es el corazón de la historia.
Rocky no es ni el primero ni el último Alien adorable del género. Y es que el cine siempre ha sabido darnos extraterrestres inolvidables. De los que nos enternecen, nos hacen reír y, en el fondo, nos hacen desear que existieran de verdad. Así que, ¿qué mejor momento para repasarlos y explicar por qué los amamos?
Hoy en día ya estamos acostumbrados a los personajes que parecen diseñados para ser adorables, pero no es el caso de Rocky. Y es que Rocky no es el típico sidekick simpático que acompaña al protagonista, es directamente uno de los pilares de la historia.
En Proyecto Salvación, Rocky es tan importante como el propio Grace (Ryan Gosling). No solo por su inteligencia, sino por todo lo que aporta emocionalmente. Tiene sentido del humor, curiosidad, miedos, historia y una forma muy particular de ver el mundo que lo hace único.
Lo mejor es, probablemente, su evolución. Lo que empieza como una colaboración por pura necesidad entre él y Ryland termina convirtiéndose en una de las amistades más bonitas de la ciencia ficción reciente. Rocky no está ahí solo para acompañar: está para construir la historia junto a él. Y sí, seguramente salgamos del cine pensando lo mismo que al leer la novela: ojalá todos tuviésemos un Rocky en nuestra vida.
Al principio, Groot parecía un personaje bastante limitado: decía siempre lo mismo: “Yo soy Groot” y poco más. Pero con el paso del tiempo quedó claro que había mucho más detrás de su muletilla.
En Guardianes de la galaxia, Groot tiene uno de los momentos más emotivos del MCU, y a partir de ahí dejó de ser solo el personaje estoico del grupo. Un buen ejemplo es cuando ayuda a forjar el arma de Thor en Vengadores: Infinity War, sacrificando parte de sí mismo para hacerlo posible. No es solo un gesto heroico, también es una muestra de quién es realmente el personaje. Su carisma explotó con su regreso convertido en Baby Groot, momento en el que se ganó definitivamente el corazón del público.
Ese renacer (porque sí, en cierto modo vuelve a empezar desde cero) nos dio una versión aún más tierna del personaje, sin perder esa mezcla de inocencia y valentía que lo define.
Si hablamos de aliens adorables, E.T. es el personaje que probablemente definió lo que significa conectar emocionalmente con un extraterrestre en el cine.
En E.T. El extraterrestre, Steven Spielberg logró algo muy especial, tomar a un ser completamente desconocido y hacerlo cercano, vulnerable y de alguna manera humano. La relación entre E.T. y Elliott no va de ciencia ficción, va de amistad, de soledad y de entenderse sin necesidad de hablar el mismo idioma.
E.T. no es fuerte ni imponente, y en verdad tampoco lo necesita. Su fragilidad es justamente lo que lo hace tan especial. Es, sin duda, el alien que nos enseñó que lo diferente también puede sentirse como en casa.
En un mundo lleno de aliens rarísimos, peligrosos y bastante desagradables como el de Hombres de negro, Frank el Pug decidió destacar siendo un carlino con mala actitud. Y la verdad, le funciona.
Frank es de esos personajes que aparecen poco pero se te quedan grabados. Un perro que habla, se queja, tiene cero filtro y, aun así, siempre termina siendo útil. Ese contraste entre lo adorable que es y lo pesado que puede llegar a ser lo hace todavía mejor.
La verdad es que Hombres de negro está llena de aliens inolvidables. Desde ese diminuto extraterrestre que controla a un “humano” desde dentro (¿cómo olvidar el momento en que se abre la cabeza y lo vemos ahí, sentado en su mini cabina?) hasta el alien bebé al que los protagonistas ayudan a traer al mundo. Si buscas extraterrestres adorables (y muy raros), esta película no falla.
Otro alien con bastante mala actitud, al menos al principio, es Stitch. Porque sí, Stitch empieza siendo puro caos. Es destructivo, impulsivo y con cero interés en encajar en ningún sitio. Pero lo bonito de Lilo y Stitch es precisamente ver cómo ese pequeño tornado azul va encontrando su lugar. A través de Lilo, Stitch aprende algo que no conocía ni entendía, lo que significa tener una familia.
Poco a poco se adapta, y sin dejar de ser travieso, empieza a mostrar ese lado más tierno que termina definiéndolo. Porque en el fondo, Stitch no deja de ser otro de esos personajes que solo necesitaban a alguien que creyera en ellos. Tal vez el debate no pase por si adoramos a Stitch o no, sino con cual de sus versiones nos quedamos: ¿animado o live action?
Con Paul creo que pasa algo curioso, al principio no sabes muy bien qué pensar. Es un alien, sí, pero no se comporta como esperarías. Es muy chill, directo, sin filtro, casi demasiado humano. Pero a medida que avanza la historia, empiezas a entender su rollo. Su humor, su forma de ver el mundo, su manera tan natural de decir las cosas. Y sin darte cuenta, ya te ha ganado.
Hay que admitir que mucho de eso tiene que ver con la voz de Seth Rogen, lo que le aporta ese tono desenfadado y cercano que hace que el personaje funcione tan bien. Es imposible que no te caiga bien, porque más allá de las bromas, Paul termina siendo un gran amigo. De esos que aparecen de la nada, te cambian el viaje y cuando se van dejan huella.
En un universo como el de Depredador: Tierras Salvajes, donde todo suele ser violencia y supervivencia, Bud es una sorpresa. No es el típico alien que esperarías encontrar en este ambiente hostil.
Lo interesante de Bud es que no está solo para aportar un toque adorable a la película, sino que tiene un peso real en la historia, sobre todo en el arco de Dek. Su historia es dura, Bud pierde a su madre y ahí es donde conecta de verdad con el espectador.
En el fondo, lo único que quiere es pertenecer y lo logra. A su manera, encuentra una nueva familia en Dek y Thia, y eso le da al personaje una carga emocional que no esperabas en una película así.
En un primer vistazo, Glordon puede parecer un alien extraño más dentro del universo de Elio. No tiene ojos, no tiene una expresión clara y aun así es imposible no entenderlo.
Lo atrapante de Glordon es que viene de un mundo que no encaja con él. Su padre es un líder con aspiraciones bastante extremas, pero él no tiene ningún interés en seguir ese camino. Es curioso, amable, y mucho más emocional de lo que su apariencia sugiere. Y eso se nota desde el primer momento en que conecta con Elio.
Lo que lo hace especial a Glordon no es sólo cómo se expresa (incluso sin necesidad de rostro), sino que representa de una manera conmovedora a alguien que no quiere ser lo que esperan de él. Y por esa razón se ganó nuestro corazón.
Hay algo en Grogu que es difícil de explicar, pero imposible de ignorar. En The Mandalorian y en The Mandalorian and Grogu, no es solo “Baby Yoda” ni un personaje adorable más del universo de Star Wars. En Grogu hay sabiduría, hay un talento natural enorme y también hay heridas profundas.
Porque sí, es pequeño, vulnerable y dan ganas de protegerlo todo el tiempo. Pero al mismo tiempo, sabes que podría defenderse, y defenderte, sin problemas. Esa mezcla de fragilidad y poder es lo que lo hace tan especial. Tiene siglos de vida, pero sigue descubriendo el mundo como un niño. Protege, observa, aprende. Grogu no necesita decir nada para que lo entendamos. Y quizá por eso, es imposible no quererlo.









































