
‘Algo terrible está a punto de suceder’ podría ser el mejor trabajo de los hermanos Duffer hasta el momento
Hay nombres en la industria del entretenimiento que llevan consigo el peso de unas expectativas tan enormes que cada nuevo proyecto se convierte, antes de estrenarse, en un acontecimiento.
El binomio Matt y Ross Duffer es uno de esos casos. Los creadores de Stranger Things regresan a Netflix no como showrunners ni como directores, sino como productores ejecutivos de Algo terrible está a punto de suceder, una miniserie de terror de ocho episodios.
Y hay razones de peso para pensar que, por primera vez en mucho tiempo, los hermanos Duffer han encontrado algo capaz de superar, o al menos de igualar, lo mejor de su carrera.
De los cortometrajes al fenómeno global: la carrera de los Duffer antes de Hawkins
Para entender el peso de este momento hay que remontarse al principio. Matt y Ross Duffer, gemelos nacidos en Durham (Carolina del Norte) en 1984, empezaron a hacer películas en tercer grado con una cámara Hi8 que les regalaron sus padres.
Inspirados por las obras de Stephen King, Steven Spielberg y Tim Burton, se posicionaron como creadores de drama sobrenatural con ambición cinematográfica desde muy jóvenes. Rotten Tomatoes Estudiaron producción cinematográfica en la Chapman University de California, donde escribieron y dirigieron su primer cortometraje oficial, We All Fall Down (2005), sobre una familia acomodada que huye de la Gran Plaga de 1666.
Tras graduarse, siguieron perfeccionando su oficio con una serie de cortos de género: Eater (2007), thriller de horror sobre un caníbal en una comisaría; Road to Moloch (2009), sobre marines que se enfrentan a un espíritu ancestral; y Vessel (2012), donde una fuerza sobrenatural aterroriza a los pasajeros de un vuelo doméstico.
No son trabajos que hayan trascendido de manera especial, pero sí revelan una obsesión temprana y consistente por el terror de cámara pequeña, la tensión en espacios cerrados y los giros de guión como mecanismo dramático principal, algo que cualquier fan de los hermanos reconocerá de inmediato.
El salto al largometraje llegó con Hidden: Terror en Kingsville (2015), un thriller psicológico escrito y dirigido por los Duffer en el que una familia superviviente se refugia en un búnker durante un brote devastador. La película, producida por Warner Bros. y protagonizada por Alexander Skarsgård y Andrea Riseborough, fue un fracaso comercial estrepitoso: recaudó apenas 310.273 dólares en todo el mundo. Las críticas fueron escasas y ambivalentes, aunque algunos la reivindicaron como un debut prometedor.
Lo que sí consiguió Hidden fue llamar la atención de M. Night Shyamalan, que entonces preparaba Wayward Pines para Fox, y eso lo cambió todo. Los Duffer escribieron cuatro episodios de esa serie, y aquello se convirtió en su campo de entrenamiento, con Shyamalan como gran mentor.
El paralelismo con otro dúo creativo de referencia resulta inevitable: los hermanos Coen también alternaron años de trabajos menores y fracasos relativos antes de encontrar la película que les definiría para siempre: Fargo. La diferencia es que los Duffer lo consiguieron en televisión, y con una velocidad que el mercado del streaming aceleró al máximo.
Stranger Things: el fenómeno que todo lo eclipsa (y que ahora los encadena)
Stranger Things llegó a Netflix en 2016 tras ser rechazada por entre quince y veinte cadenas y plataformas distintas. Netflix compró la temporada entera en menos de veinticuatro horas. Lo que vino después es la historia ya conocida: la serie se convirtió en uno de los mayores fenómenos culturales de la era del streaming, una carta de amor a los años ochenta con raíces en Spielberg, Carpenter y King que enganchó a decenas de millones de espectadores en todo el mundo.
Los Duffer no solo crearon Stranger Things: la escribieron, la produjeron y dirigieron episodios clave a lo largo de sus cinco temporadas. Fue su gran logro y, con el tiempo, también su mayor lastre. Porque pocas series han sufrido tanto la ley de los rendimientos decrecientes como Stranger Things, cuya última temporada recibió una recepción que, siendo generosos, puede calificarse de decepcionante entre parte del fandom y la crítica especializada. La recepción de la última temporada no alcanzó las expectativas, lo que aumentó la presión por reinventarse. No es algo inusual: J.J. Abrams vivió algo parecido cuando Lost comenzó a perder el rumbo en sus últimas temporadas, y aunque el mérito de lo construido no se borra, sí queda oscurecido.
Tras el cierre de la serie, los Duffer lanzaron la productora Upside Down Pictures y renovaron su compromiso con Netflix con varios nuevos proyectos, entre los que figuran una adaptación de acción real de Death Note, una serie basada en The Talisman y el spin-off animado Stranger Things: Relatos del 85. Pero el primero en llegar, y el que más interés ha despertado, es precisamente Algo terrible está a punto de suceder.
Por qué este podría ser su proyecto más interesante
Aquí está la clave: por primera vez en una década, los hermanos Duffer no tienen el control total del producto. Y eso, paradójicamente, podría ser lo que necesitaban.
Algo terrible está a punto de suceder ha sido creada y escrita por Haley Z. Boston, conocida por su participación en El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro. La serie cuenta con la nominada al Emmy Weronika Tofilska (Mi reno de peluche) como directora de cuatro episodios y productora ejecutiva, y con Axelle Carolyn (La maldición de Bly Manor) y Lisa Brühlmann (Killing Eve, Servant) completando el equipo de dirección. Los Duffer actúan como productores ejecutivos, lo que significa que han elegido bien a su gente y han sabido apartarse.
La sinopsis oficial sitúa la serie en la misma tradición que Carrie y La semilla del diablo: tres relatos sobre transformaciones femeninas narradas desde el terror, donde la tercera entrega de esa trilogía informal sería la historia de una joven que se convierte en esposa. Rachel se casa en cinco días. Viaja con su prometido a la casa familiar en un bosque nevado. Y siente, con esa certeza irracional que el terror sabe explotar mejor que ningún otro género, que algo va muy mal. La serie estructura cada episodio en torno a un día concreto, como una cuenta atrás en la que la tensión crece de manera progresiva e inexorable.
El reparto incluye a Camila Morrone, Adam DiMarco, Jennifer Jason Leigh y Ted Levine, una combinación que sobre el papel mezcla talento joven con veteranos de carácter capaces de sostener cualquier atmósfera sin mucho esfuerzo.
Lo que diferencia a Algo terrible está a punto de suceder de todo lo que los Duffer han hecho antes es su madurez temática y su voluntad de alejarse por completo de la nostalgia. No hay referencias ochenteras ni aventuras juveniles. En su lugar, hay silencios incómodos, tensiones familiares y una atmósfera opresiva.
Si Stranger Things miraba hacia atrás con ternura, esta nueva apuesta mira hacia dentro con inquietud. Y si hay algo que los Duffer llevan haciendo desde sus primeros cortometrajes es eso: construir terror desde la incomodidad de lo cotidiano, desde el espacio doméstico convertido en trampa. Después de un largo ciclo que empezó en un búnker en 2015 y terminó en Hawkins en 2025, los hermanos Duffer parecen haber encontrado, apoyándose en otros, la mejor versión de lo que siempre quisieron ser.













