
Weapons y Los pecadores rompen un récord de los Óscar para actores en el cine de terror: estas son las películas con estatuilla
En la última gala de los Óscar pasaron muchas cosas, además de un empate histórico, sucedió algo que no había ocurrido nunca: dos películas de terror diferentes se llevaron premios de interpretación en la misma noche. Amy Madigan ganó por su papel de la tía Gladys en Weapons (2025) y Michael B. Jordan por sus gemelos de Los pecadores (2025), sumando dos nuevos nombres a una lista de privilegiados que, en casi un siglo de premios, sigue siendo asombrosamente corta. Repasamos cuáles son las siete películas de terror que han conseguido que la Academia reconociera a sus actores, y cómo encontrarlas en streaming.
Como Michael B. Jordan, Fredric March ganó el Óscar al mejor actor por doblar turno, fue tanto el doctor Jekyll como su alter ego Mr. Hyde en la adaptación de Robert Mamoulian de la novela de Stevenson. Una cosa curiosa es que ese año lo compartió empatando con Wallace Beery por El campeón (1931), pero lo sorprendente es que hasta más tres décadas después no ocurriría.
El hombre y el monstruo (1931) es la más alejada del terror moderno de esta lista, más cercana al expresionismo alemán de El gabinete del doctor Caligari (1920) que a cualquier variante posterior. March crea dos personajes completamente distintos con maquillaje y presencia física—las ayudas digitales quedaban lejos—, aunque con un curioso efecto óptico, en una demostración de capacidad actoral que hace entender por qué la Academia no se lo pensó, y es que quizá en la época del cine de terror clásico de la Universal no había tanto elitismo con el género.
Rosemary Woodhouse se queda embarazada en un apartamento de Manhattan con unos vecinos que resultan ser algo más que excéntricos. Ruth Gordon ganó el Óscar a mejor actriz de reparto por uno de ellos, Minnie Castevet, la anciana entrometida que es, en realidad, la pieza clave de todo el horror que se cierne sobre Mia Farrow.
Como Madigan, Gordon se llevó la estatuilla interpretando a la villana, y lo veremos también con Kathy Bates en Misery (1990). La semilla del diablo (1968) de Roman Polanski sigue siendo la gran película de terror psicológico sobre la maternidad robada, y Minnie es uno de los personajes más perturbadores del género porque parece inofensiva, con una reválida del personaje en la interesante precuela Apartment 27 (2024).
Un escritor de novela rosa sufre un accidente de coche en plena tormenta y despierta en casa de su “fan número uno”. Kathy Bates ganó el Óscar a mejor actriz por su enfermera tarada Annie Wilkes de forma aplastante, aunque fueron casi otros treinta años desde la anterior premiada. Su Annie no es solo un monstruo: es una mujer rota, solitaria, y con una lógica propia, no por menos terrible, bastante coherente .
Misery tiene mucho en común con El silencio de los corderos (1991) en cuanto a que ambas son películas con dos actores encerrados que generan tensión desde el diálogo, aunque la de Rob Reiner—que en paz descanse—es más contenida en lo visual, excepto el momento martillo, claro. Para quien quiera terror de cámara sin efectos, sin monstruos, y sin apenas sangre o para el fan que la quiera repasar antes de su precuela en forma de serie en la temporada 2 de Castle Rock (2018-2019).
La única película de terror—lo es, pese a quien le pese—que ha ganado los cinco Óscar principales en la misma noche: mejor película, director, guion, actor, y actriz. Anthony Hopkins y Jodie Foster se llevaron ambas estatuillas de interpretación en la misma gala, un hito que no ha vuelto a repetirse en el género y que probablemente tardará en ocurrir.
El silencio de los corderos es la ganadora más influyente de esta lista, la que abrió definitivamente la puerta para que el terror fuera considerado cine serio por la Academia, algo que tardó décadas en materializarse de nuevo, con ejemplos puntuales como Déjame Salir (2017). Hopkins aparece apenas 16 minutos en pantalla, lo que lo dice todo sobre su Hannibal Lecter.
Una bailarina de ballet consigue el papel protagonista en el Lago de los Cisnes y se desintegra psicológicamente mientras intenta encarnar a la vez al cisne blanco y al negro. Natalie Portman ganó el Óscar a mejor actriz por su Nina Sayers, una actuación que mezcla fragilidad extrema y terror corporal de una manera que muy pocas películas habían conseguido antes.
Cisne negro (2010) es la más cercana al terror de autor de esta lista—más cerca del body horror psicológico de Suspiria (2018) de Gaudagnino que del slasher—y Portman hace que su deterioro sea creíble desde el primer minuto. Comparte con La semilla del diablo la idea del cuerpo femenino como una entidad propia que la protagonista no controla del todo, aunque Aronofsky lleva el horror hacia el interior, siguiendo el modelo que parecía copiar, Perfect Blue (1998).
Zach Cregger construye un rompecabezas de historias entrelazadas en suburbio americano donde desaparecen todos los niños de una clase. Amy Madigan ha ganado el Óscar a mejor actriz de reparto por la tía Gladys, un personaje que aparece de forma intermitente pero que sirve de ancla en la estructura fragmentada de la película, con una presencia que hace que cada una de sus escenas resulten, como poco, difíciles de olvidar.
Weapons es, junto a Los pecadores, la prueba de que el terror contemporáneo ha alcanzado un nivel de ambición narrativa que la Academia ya no puede ignorar. Más enfocada a la comedia que otras de la lista, Madigan se lanza a por todas con su personaje como Hopkins lo hizo en El silencio de los corderos. No es de extrañar que Jordan Peele quisiera el guion de Zach Cregger a toda costa, tiene mucho en común con El sótano del miedo (1991), uno de sus proyectos soñados de remake.
En el mito fundacional del blues, el horror noire y la tragedia americana, Ryan Coogler ambientó su película en el Mississippi de los años 30, donde dos gemelos intentan montar un juke joint y la noche se convierte en una masacre vampírica. Michael B. Jordan gana el Óscar al mejor actor por interpretar a ambos gemelos—Smoke y Stack—con una diferenciación física y emocional muy sutil pero tan precisa que hay momentos en los que el espectador olvida que es el mismo actor.
Los pecadores encabeza lista porque tanto su récord de nominaciones, como sus 4 estatuillas representarán siempre el momento en que el terror dejó definitivamente de ser un género menor para la Academia. Más ambiciosa en escala que cualquier otra película de la lista, incluyendo El silencio de los corderos, compararla con la aceptación de “serie B” de Abierto hasta el amanecer (1996) es un buen testamento de cómo ha cambiando la conversación cinematográfica.



































